Actores precarios: disparen a un político


Esta mañana me levantaba con este artículo de Lo Español, diario digital de Pedro Jota. El artículo, escrito a partir de la publicación de un estudio de AISGE (la entidad que gestiona los derechos propiedad intelectual de los artistas escénicos), comienza mostrando la gran precariedad que sufren los actores, aunque esto sería extensible a la mayoría de las profesiones ligadas a las artes escénicas.

Nunca viene mal que se presenten datos concretos, aunque sea para que te descubran la rueda. Pero por este preciso motivo no resulta sorprendente que la mitad de los actores no hayan trabajado en los últimos dos años y que quienes lo hagan en su mayoría consigan ingresos miserables. Más que nada porque salvo casos y momentos muy puntuales, de artista nunca se ha vivido muy bien. Podríamos poner 500.000 ejemplos históricos de artistas ilustres que vivieron y murieron en la más completa mediocridad económica, porque no les daba el dinero o por su mala cabeza. Sólo aquellos que vivían protegidos por el mecenazgo podían vivir con mayor tranquilidad.

Por lo tanto esta precariedad no por ser lamentable deja de ser consustancial a la profesión. De hecho yo siempre he dicho que de artista, o actor en el caso que nos atañe, no trabaja el que quiere sino el que puede. Una de las cosas que se concluyen en el artículo es que existe un exceso de demanda en la profesión actoral, lo cual es a todas luces cierto. Yo vivo en Madrid y por lo tanto tengo la suerte de tener la mayor oferta cultural, y más concretamente en artes escénicas, que existe en todo el país. Pero al mismo tiempo ni os podéis imaginar la cantidad de hombres y mujeres que viven en Madrid buscando el sueño de convertirse en actor. Porque si quieres ser actor en Palencia lo vas a llevar jodido. Ellos y ellas viven entre nosotros, pero no somos capaces de detectar cómo aplican el entrenamiento “viewpoints” colocando las camisetas del Primark  o las copas en su local preferido. Al igual que los niños quieren ser los delanteros de su equipo favorito, pero la oferta es la que es, con la interpretación pasa un poco igual.

El artículo va desarrollándose hasta que llega el momento “testimonios”, donde se le pregunta al actor Sergio Pazos y a un señor de una productora/distribuidora. Entonces llega el momento de echarle la culpa a alguien de los problemas de las artes escénicas en general, del teatro en particular y… ¿adivinan quién son los responsables? ¡Los políticos! Sí amigo lector, da igual a qué te dediques o cual sea tu circunstancia, que siempre le puedes echar la culpa a un político de tus problemas. Con esto no quiero para nada defender a nuestra clase política y entiendo que, igual que la precariedad para los actores, la responsabilidad es característica fundamental de la política. Pero cuando observas los motivos “políticos” que aducen los entrevistados, te muestran realmente cuál es el problema de la industria cultural en nuestro país y que poco (o mucho) tiene que ver con la política: la incapacidad de vivir sin recibir de lo público.

Esta necesidad del apoyo de los poderes públicos es algo que no es casual, ya que incluso es imperativo legal y para más reseña constitucional.

Artículo 44: 1) Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho. 2) Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general.

Lo que pasa es que con esto de los derechos constitucionales ya se sabe, que tengas derecho al trabajo o a una vivienda digna no se interpreta como que deban dártelo hecho. Y en ocasiones con los profesionales de la cultura y muy concretamente con los de artes escénicas, pareciera que están dos peldaños por encima de los demás a la hora de exigir el apoyo público. Una muestra de ello son los argumentos que esgrime el señor de la distribuidora, cito alguno textualmente:

“Durante la crisis las programaciones se han polarizado. Para reducir el riesgo y mejorar resultados se ha apostado o bien por lo mediático o bien por lo local. Dejando un poco aparte los teatros privados, que sí se atreven a programar otras cosas. Sin embargo, son minoría. El político quiere ver el teatro lleno, por lo que contrata al famoso o al del pueblo. Así, la fidelización se resiente. Todo lo que queda en medio, entre lo mediático y lo local, desaparece, se barre”.

Aquí el autor de la cita construye un argumento bastante perverso a partir de un hecho que sí es cierto. Cuando éramos ricos, además de AVEs a ninguna parte y aeropuertos sin aviones, otra de las infraestructuras que abundaron fueron los teatros y auditorios, sobre todo municipales, que fueron proliferando en cada pueblo de nuestro país en cumplimiento del antes citado artículo constitucional. Y cuanto más grande, más votos. Lo que ocurre es que, como todos sabemos, ahora ya no somos tan ricos como entonces.

Hay que tener unos cojonazos like the Espartero horse para centrar la crítica en los responsables de los teatros públicos por querer ver los teatros llenos y un poquito de mala memoria para encima decir que son los teatros privados los que sí programan actividad “no mediática o local”. Más que nada porque es falso, siempre ha sido al contrario. Son los teatros y salas privadas las que por su condición de actividad que necesita cubrir costes y obtener beneficios, siempre ha sido más propensa a intentar llenar los teatros. En cambio los teatros públicos podían acumular pérdidas todos los años porque el presupuesto enjuagaba y abrillantaba, por lo que más allá de concejales megalómanos (que siguen existiendo), si alguien se esforzó por no programar de forma comercial fueron precisamente aquellos recintos que no tenían la necesidad de obtener un lucro. Y el que no se lo crea, que repase la cartelera de los teatros públicos y privados para comprobarlo, que en la capital mesetaria de tanto Rey León y el Toc toc nos vamos a quedar idiotas y sin cenar.

Si con “teatros privados” el distribuidor quiere referirse a salas medianas o pequeñas en las principales capitales, sí que es cierto que se programa de otra manera, pero en muchos casos no es por querer, sino por no poder. De hecho nada impide a nuestro amigo Carlos abrirse una sala y traerse a un poeta-cantautor. De hecho como decía vivo en Madrid y aquí se abren 17 o 18 espacios escénicos todos los días… y se cierran otros tantos. Porque se ponga como se ponga este señor no son viables, a pesar del sacrificio y abnegación de las personas que los constituyen y trabajan en ellos: desde el dueño hasta el actor que está de paso.

Así que no es que los teatros públicos estén dejando de pagar cachés y ofreciendo repartos de taquilla por maldad institucional, ni están optando por programaciones más comerciales por fastidiar a los actores, sino porque si no se equilibran los presupuestos de los auditorios entre recoger la basura de la ciudad y pagarle el caché a Carlos el distribuidor, el alcalde y los vecinos lo van a tener muy claro. Y si se contrata “lo local” es porque además de atraer público (si no viene a verte tu madre tú me dirás), el coste de la producción es más económico para todos. Efectivamente las programaciones se han polarizado, tanto en los teatros públicos como en los privados, pero el cambio ha sido más notable en los primeros porque han pasado de ser un pozo sin fondo a intentar equilibrar sus cuentas. Si cierra la sala de teatro de tu barrio no suele pasar nada, si al INAEM se le ocurre cerrar un par de teatros tenemos el taco formado. De aquí a decir que los actores no trabajan porque no les programan teatros públicos hay un trecho.

De hecho se habla de RedEscena y de las 5.000 compañías existentes en España. La Red de Teatros afirma tener más de 700 espacios de exhibición. Creo que una simple operación aritmética nos demuestra que el problema no es tanto del concejal de Cultura del pueblo, como de que es materialmente imposible programar a todo el mundo, a no ser que Santo Impuesto corra con la cuenta. Pero ya veremos que “La Fe”, que no Delafé, tampoco es la característica más frecuente entre nuestros artistas. Y como decía ya hace 3 años, la industria cultural en nuestro país sobre el apoyo público que reciben, es mejor que no hablen demasiado.

Abundando en todo esto, el relato en el artículo sobre el Programa Platea del INAEM es otra muestra de los males de la industria cultural, en este caso escénica. Como bien explica el distribuidor este es un programa que se dedica a ayudar a los teatros municipales a pagar los cachés de los espectáculos que quieren programar, pero tiene un problema y es que tiene límites. Así que los ayuntamientos, mira tú que raro, prefieren intentar cubrir la parte del coste que les corresponde (al que tienen que añadir los gastos generales de recinto, el personal técnico, etc.), que contratar a alguien a quien no va a ver ni Dios. Si los poderes públicos deben velar por acceso a la cultura, ¿eso cómo se hace si al teatro no viene nadie?

Este problema, si el objetivo fuera la distribución de montajes modestos y no simplemente ayudar a los recintos a sobrevivir, se podría solucionar si se modificara el catálogo de elegibles. Porque existe un catálogo de compañías que pueden ser contratadas y por lo tanto sería tan sencillo como eliminar “lo local” y “lo mediático” de la lista. O tan complicado, porque si vamos a poner a un funcionario a elegir a partir de cuándo una producción es comercial y dónde acaba el pueblo, les deseo mucha suerte.

Pero el tremendo combo que remata este despropósito se cierra con el capítulo de “soluciones”, que resumiendo consiste en “aumentar la dotación” y “bajar el IVA cultural”. O sea, más dinero y a la vez lo contrario. ¿Y quién va a pagar entonces? Pues tu puta madre en bicicleta, que no es un improperio hacia nadie sino el homenaje a un gran actor. Ojo que esta gente que pide estas cosas se supone que es la élite intelectual de nuestro país.

He declarado en “cienes” de ocasiones que la famosa reclamación sobre el mal llamado IVA cultural, no deja de ser la protesta del “bloque pijo “de las artes escénicas quienes ven mermado su negocio. Esos que en el artículo se comenta que “se hinchan a trabajar porque mañana Dios dirá “y quienes mientras llenen las salas no tendrán reparo en seguirles contratando, para luego echarle la culpa al político de turno de que el resto de actores estén en paro. De hecho últimamente muchos popes de las artes escénicas en nuestro país echan pestes sobre los gestores públicos, cuando su poca fortuna la hicieron (y siguen haciéndola) precisamente gracias a esos gestores públicos que les llenaron los bolsillos. Es como aquellos científicos estrella que vinieron hace años a centros de investigación que lo público construía y que cuando se terminó el dinero marcharon corriendo echando pestes del “sistema científico español”. En ambos casos el sistema era el mismo antes, durante y después de venir, pero nunca expresaron su descontento mientras se le fue llenando generosamente el cazo. No es broma, yo he escuchado a alumnos de la RESAD contar que sus titulaciones son las más deficitarias de España, pero aquí con echarle la culpa a un político tenemos el expediente cubierto.

No quiere decir que una subida de IVA no afecte a todo el mundo, pero al ser éste un impuesto al consumo y por lo tanto proporcional al mismo (y a su precio), afecta en mayor medida a quien más vende. Por esto a pesar de que todo el sector lo haga suyo, son los grandes quienes más visibilidad le dan a la protesta. Y es que junto al financiero, el lobby cultural es el más poderoso que existe. ¿Por qué? ¿Quiénes son los mayores productores de cine o editoriales en nuestro país? Los medios de comunicación están por ahí y a nadie le gusta tener mala prensa. Vivimos en un país donde tras el tráiler del último Torrente podíamos escuchar: Atresmedia, cultura europea. Es para lanzarles un mocasín a la crisma.

Es curioso, y engarzando con las críticas al político de turno, que uno de los argumentos que se da para revertir aquella famosa subida del IVA sea que se ponen obstáculos al acceso de los ciudadanos a la cultura. Sí amigos, los mismos señores que llevan años cobrando la declarada como abusiva tarifa del 10% a todos los teatros, incluyendo los públicos, para su uso y disfrute particular y sin entrar en los malos usos que han hecho. Por cierto, ¿saben exactamente qué IVA repercuten los teatros públicos en sus entradas? ¡Están exentos! Así que si en un teatro público le cobran el IVA, es porque alguien que no es el teatro se va a llevar parte o toda la taquilla.

O sea, que si es tu impuesto privado no impide el acceso a nadie, pero el impuesto que podría servir para “dotar” de oportunidades a aquellos que no las tienen es El Mal. Como les decía antes, rezarle a Santo Impuesto no es el fuerte de muchos de nuestros artistas, ni van a ver a muchos de los que claman contra el IVA cultural protestar por las condiciones que sufren otros trabajadores del sector, con auténticos y falsos autónomos por doquier. Condiciones que algunos de ellos imponen y que si todo falla, resulta ser culpa de los políticos porque no les bajan la cuota. Y si no queremos esta ventaja fiscal, pedimos otras como leyes de mecenazgo y los colegios que los pague la señora en bicicleta.

A todos nos gusta pagar menos impuestos y que nos salga más barata la entrada del teatro, pero al mismo igual deberíamos preguntarnos cómo vamos a ir al teatro, que tiene que ser público en zonas donde una iniciativa privada no va a llegar (no se ven hoy muchas Barracas) si no lo hacemos.

Aquí es dónde nos deberíamos preguntar cuándo debería aplicarse un tipo impositivo reducido o cuándo deberíamos dar ayudas. Respecto a esto último y como decía un director de cine español: “lo que no es normal es que Almodóvar o Amenábar se lleven las mayores ayudas”, con lo que era lógico que al final pasara lo que pasó y pasa lo que pasa. Y recordando lo dicho sobre el tráiler de Torrente, deberíamos preguntarnos si determinados “productos” siendo rentables deben recibir cualquier tipo de ayuda e incluso si éstos son realmente “cultura”. Pero claro, aquí llegamos a la eterna e irresoluble cuestión de qué es y no cultura. ¿Deberíamos gravar igual el ensayo de un escritor novel que las memorias de Belén Esteban?

Por lo tanto como nadie nos puede decir qué es o no es cultura, y sálveme el Diablo de quien quiera hacerlo, al final la única manera justa de resolver el entuerto no sería ayudar a la cultura, sino ayudar a quien facilite el acceso a la cultura para la población, ya que va a ser ésta quien les ayude, pueda obtener luego el acceso. Pero esto requeriría una revisión de los sistemas de protección de derechos de propiedad intelectual y aquí nos tropezamos con dos piedras: el derecho comunitario y las propias entidades que gestionan los derechos de autor. De hecho como dice David Bravo las leyes de propiedad intelectual cambian cuando vencen los derechos que posee Disney (lobbies everywhere). Ni una broma, que la entidad que hizo el informe, AISGE, le quiso cobrar a los hospitales porque los pacientes vieran la TV… menos mal que era a los hospitales privados y así te sientes mucho más rojo. Así que personalmente si alguien me pide una subvención y un trato fiscal preferente, para luego proteger su obra hasta 70 años después de muerto y encima llevarse el 10% de la taquilla además de sus caché y/o recaudación restante… pues mire, lo siento pero no. Al mismo tiempo tendremos que ayudar a aquellos que realmente lo necesitan y no a Mediaset o al Grupo Planeta.

En resumen porque esto se me alarga, que el amor por extender el arte y la cultura entre los ciudadanos dure justo lo que tarda en sonarnos el estómago es algo muy lógico. Pero esta fijación que tienen muchos componentes de la industria cultural, en especial aquellos que pertenecen a las artes escénicas, con responsabilizar al poder público de sus problemas roza lo enfermizo. No le puedes echar la culpa al programador de un teatro público por no contratar a la compañía de Danza que nadie sabe quién es, encima diciendo que eso sí que lo hacen los teatros de titularidad privada, cuando éstos últimos no la programarían ni aunque les pagaras tú. Y sobre todo no tengas las santas criadillas de pedir un régimen fiscal privilegiado porque eres guay, eres cultura y quieres ayudar a los pobrecitos actores a los que pagas tres perras y los técnicos “falso-autónomos” que te hacen las luces.

Si realmente quisiéramos ayudar al precariado que interpreta, escribe, forma, diseña, lo monta todo, vende entradas y muchos empleos que dependen de la actividad escénica, quizá no debas mirar tanto al concejal de festejos del Villarriba porque la precariedad en el sector ya venía de antes, sino a esa industria asquerosamente mafiosa e injusta que a algunos tanto beneficia. No digo que sea el caso del distribuidor del artículo, otro damnificado del sistema, pero su comentario es la reproducción del argumento de estos “mediáticos”, que cuando les vea pidiendo mantener el IVA para ayudar a los necesitados y que tus derechos los cobren tus nietos es pasarse un rato, igual empiezo a pensar que tienen interés en el lumpenproletariado de los intérpretes.

 

 

 

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España, ¿país de camareros?


Juan Ramón Rallo hizo un chiste.

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Aprenda a trolear con el Juan de Mariana

Un mal chiste, en primer lugar, porque como le recordaron varios interlocutores “funcionario” no es una profesión y por lo tanto la comparación muestra sus fobias personales más que un comentario razonado, porque mezclar una profesión con un tipo de empleador son más ganas de hacer el troll que otra cosa. Se podría uno preguntar por qué Rallo califica a España “país de funcionarios” cuando los “no funcionarios” les multiplican por 5, o si es un país de “emprendedores” porque existen más autónomos que funcionarios.

Es más, varias personas le aceptaron el “challenge” y le mostraron que hablar de “sobre ponderación” de funcionarios igual era columpiarse un rato. Por ejemplo un servidor:

número Funcionarios europa

Que la realidad no te estropee un buen chiste LET

¿Cuál fue la respuesta de nuestro insigne liberal?

Rallo responde

Mezclando manzanas y peras

Ahora es cuando usted se pregunta a qué viene hablar de la “compensación de empleados” cuando él era quien había hecho una comparación en base al número de empleados. Es tan sencillo como que se metió en un berenjenal y la única manera que veía de salirse era meter su “morcilla ideológica” para regocijo de sus fans, en un ejemplo palmario del dicho popular ¡patatas traigo!

En realidad que Rallo haga un chiste troll, le hagan ver que hace el “cuñao” y que su vía de escape sea hablar de otra cosa para escurrir el bulto, sinceramente me importa poco. Pero el asunto sirve de acicate para hacerme la pregunta: España, ¿país de camareros?

El mensaje de Juan Ramón Rallo no es casual, ya que la “España de los camareros” ha vuelto a la actualidad a raíz de la última publicación sobre afiliaciones a la Seguridad Social, donde la profesión de camarero es la que mayor aumento ha tenido en los últimos años y la que mayor diferencia positiva acumula desde el inicio de la crisis.

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De hecho sólo la educación supera a la hostelería como actividad que mayor número de afiliados ganó. Por si alguien quiere hacer otro chiste de funcionarios, parece ser que es la apertura de academias y formación no reglada la que explica ese aumento y no el empleo público. Por este motivo es por el que se ha reavivado el comentario de que España es un país de camareros, o siendo más precisos un país donde la hostelería tiene un peso importante. ¿Es cierto?

En un país con 18 millones de afiliados, tenemos algo más de 1,5 millones de trabajadores en la hostelería, siendo la tercera actividad con más trabajadores por detrás del comercio y las manufacturas. ¿Son muchos o pocos? Pues eso dependerá de cómo lo mires, ya que si decimos que la hostelería representa el 8,5% del empleo en España, obvio es que los “camareros” son minoría respecto al resto de trabajadores. Pero en realidad si quieres conocer la preponderancia de un sector o actividad debes comparar su peso en la economía (o en el empleo que es lo que nos ocupa) y con otros países. Recordemos que España fue durante el nacional-social-ladrillismo “país de albañiles” (y de camareros) no porque la mayoría de españoles trabajaran en la construcción, sino porque su peso era bastante mayor que en el resto de países.

¿Ocurre lo mismo hoy con la hostelería? Para ello he tirado de OCDE y el primer ejercicio consiste en saber qué proporción representan los trabajadores españoles respecto a los de la zona Euro (tomo ésta en deferencia al subrayado salarial de Rallo) por cada actividad. Por ejemplo vemos que España, a final de 2015, representaba el 12,68% del empleo total en la zona Euro. Por actividades la cosa queda así:

(click para ver mejor los gráficos)

Proporción actividades España-Euro

España destaca en tres actividades: lo que podríamos llamar “servicio doméstico”, la famosa hostelería y la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca. En cambio, quitando la actividad en organismos internacionales, las tres actividades donde España tiene un peso menor en el total de la zona Euro son: electricidad y gas, salud y servicios sociales, actividades inmobiliarias, quedando muy cerca las manufacturas.

El segundo aspecto que podemos ver es la diferencia de peso que hay en cada actividad en su zona geográfica entre la zona Euro y España.

Diferencia peso Euro-España

Peso % Euro-España

¡Salta la sorpresa en La Condomina! Sigue siendo el Servicio doméstico, la hostelería y la agricultura, ganadería y pesca los campeones. Con artistas invitados, nunca mejor dicho, en actividades artísticas, servicios administrativos o el comercio. Pero recopilando y con vista a responder a la pregunta que me hacía, la hostelería española supone en 21,41% del total de la zona Euro y su peso en la actividad nacional es 3,48 puntos y un 68,90% superior de lo que es en la zona Euro. Si a esto además le sumamos que el número de camareros supera la suma de los empleados domésticos y los campesinos, empezamos a adivinar que la afirmación de que España es país de camareros es más acertada de lo que a primera vista puede parecer.

Sobre el chiste de Juan Ramón Rallo poco que añadir, porque su salida por peteneras cuando le muestran que ha dicho una simpleza habla por sí misma. Y como digo es lo menos importante. Respecto a lo que realmente me interesaba, que era conocer la preponderancia de la hostelería en nuestro nivel de empleo, pues parece claro que los “camareros”, entiéndase hablar de esta profesión sin ningún sentido peyorativo, están bastante sobre representados. Así que no sé si España es un país de camareros o no, pero trabajadores de la hostelería tiene bastante más de los que corresponderían a la media de la zona Euro. Es obvio que si el turismo en España es un sector capital y está en buena forma, esto está repercutiendo en el resultado. Pero al mismo tiempo debemos plantearnos cómo la sobre ponderación de actividades de bajo valor añadido puede afectarnos a nivel de productividad, salarios, etc. Como siempre habrá un Estado al que echarle la culpa, nuestros queridos liberales seguirán haciendo chistes con poco fundamento para congratularse entre ellos. Luego les extraña que casi nadie les tome en serio.

 

 

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Sólo una universidad española entre las 200 mejores de mundo


“Sólo una universidad española entre las 200 mejores de mundo”. Éste es un titular que habrán leído o escuchado en los medios en los últimos días y que procede de la publicación de enésimo ranking de universidades publicado: el del CWUR (Center for World University Rankings).

Este ranking de procedencia saudí es otro de esos engendros creados al calor de las políticas nacionales de algunos países, que se han puesto manos a la obra para mejorar sus sistemas universitarios. Sí, es otro de esos rankings que pretenden explicarnos cuáles son las mejores universidades del mundo, casi . Por lo tanto es otro de esos rankings inútiles que sólo sirven de divertimento a políticos, periodistas o para rectores que necesiten rellenar un discurso institucional.

El CWUR no deja de ser una copia del conocido ranking de Shanghai (ARWU), con una metodología que no dista demasiado de su primo chino y que, como pueden ver en este enlace, pondera las cosas de forma un poco particular. Como máximo exponente de este hecho encontramos que el 25% de la puntuación global y como medida de “empleabilidad”, se expresa por la “cantidad de CEOs en grandes empresas”, entendidas las grandes empresas como aquellas que están en la lista de 2000 compañías de Forbes. Que la empleabilidad de una universidad se mida de esta manera y que además su peso en el resultado final sea desproporcionado produciría bastante risa, si no fuera porque hay gente que se lo toma muy en serio. Por eso y como dije hace tiempo sobre el ranking de Shanghai, tomarse estos ranking muy en serio desprestigia más a quien lo hace que lo contrario, aunque ese no sea el famoso “consenso”.

Luego cuando dices que eres bastante crítico con los famosos rankings, te miran con cara de estar despegando. Conste que soy partidario de su existencia, pero un ranking es útil cuando expresa cosas muy concretas, con datos homologables y una metodología aceptable. Un ranking de la “mejor universidad” nunca lo es, ya que dependiendo y a quién preguntes el concepto de “mejor universidad” será uno u otro.

Pero estos rankings están ahí y se van a quedar, sobre todo para que muchos podamos utilizarlos a conveniencia. Y en España eso se traduce en la posibilidad de ejercer nuestro habitual bartrinismo, vocablo acuñado en honor al poeta catalán. Véase como ejemplo cómo titulaba esta entrada: “Sólo una universidad española entre las 200 mejores de mundo”. Ese es el titular que vemos en las noticias y en este mundo actual donde todo el pensamiento cabe en un tuit, un titular de prensa o 20 segundos de televisión, con eso nos quedaremos para la posteridad. En cambio vamos al cuerpo de los artículos y descubrimos que en su conjunto, el sistema universitario español sería el 8° mejor del mundo. Seguramente sea casual que los titulares siempre los acaparen comentarios negativos sobre universidades. Sospecho que si mañana un diario titula “España tiene el octavo mejor sistema universitario del mundo”, el periodista en cuestión tendría la calle para correr y los cantos para tropezar.

Así que ante el titular estándar se desata el orgasmo generalizado entre aquellos que se pasan el tiempo reformando nuestras universidades, transitando por los lugares comunes de la “endogamia”, los “funcionarios”, la “facultad en cada pueblo”, la “gobernanza” e incluso la financiación. Digo “incluso”, porque a pesar de meterlo en los lugares comunes, como ya comentaba cuando algún politólogo se pasó de listo, el hecho diferencial de España no es que alguien trabaje en la institución donde se doctoró, que tenga una relación estatutaria o que al rector le voten, sino que los recursos son bastante insuficientes.

Para hacernos una idea de cuán diferencial es este hecho, podemos comparar los recursos de la universidad española mejor clasificada, la Universidad de Barcelona (122), con aquellas que le anteceden y preceden (Georgetown e Indiana Bloomington). Es divertido imaginar que si te presentas diciendo que saliste de Georgetown o Indiana te mirarán como si fueras la pera limonera, pero si dices que saliste de la Universidad de Barcelona pensarán que eres la querida de la prima de la cuñada de algún profesor titular. Aunque como se deduce de los famosos rankings, son instituciones equivalentes en calidad.

Una leve mirada a los presupuestos te muestra la comparativa. La UB aprobó en 2015 un presupuesto de 367 millones de euros, Georgetown se mueve en los 1.500 millones de dólares e Indiana está en los 1.900 millones de dólares (algo más que toda Madrid, Andalucía o Cataluña). Mirar a las primeras universidades de cada Estado te confirma el panorama. Oxford y Cambridge rondan los 5.000 millones de libras, la ETH de Zurich ronda los 1.500 millones de francos, Toronto 2.100 millones de dólares, Melbourne 1.800 millones australianos, la Rey Abdullah 20.000 millones de $, Copenhague ronda los 1.000 millones de $, Osaka o Kyoto superan los 2.000 millones de $, la Nacional de Singapur 1.800 millones… Por poner un ejemplo la Complutense son poco más de 500 millones de euros (600 cuando eran ricos) para más de 75.000 estudiantes y 6.000 profesores, Harvard más de 35.000 millones de dólares para 4.700 profesores y 21.000 alumnos. Hay que irse a universidades muy concretas asiáticas o centroeuropeas para ver resultados en rankings por inversión mejores que las españolas, que casualmente tampoco salen muy bien paradas en este ranking (coreanas, alemanas, Écoles franceses…). Universidades que suelen tener pocos estudiantes y bastante profesorado e investigadores en proporción.

Es más, como habíamos visto España es el octavo país que más instituciones metía en este ranking. Pues bien, según el Education at Glance 2015, el gasto público en nivel terciario en España (2012) era del 1% del PIB, cuando la media de la OCDE es del 1,3%. Así que como diría aquel: no reírse de la universidad española, por favor.

Volviendo a lo anterior, la financiación es otro de esos lugares comunes y no sólo echando dinero al caldero mágicamente los resultados mejorarían. Igualmente nadie puede negar que a nivel de contratación, evaluación o gobierno las universidades españolas tienen margen de mejora. Pero si lo miras bien, observando las premisas y circunstancias del sistema universitario español, es algo mejor de lo que algunos nos quieren vender. Podemos quedarnos con que tenemos pocas universidades entre las 200 primeras, que somos la octava potencia mundial o con las dos cosas que sería lo normal.

Pero en realidad la pregunta fundamental que debemos hacernos es ¿qué tipo de sistema universitario queremos? Respondida esa pregunta podremos empezar a plantearnos las respuestas. El sistema español se diseñó como respuesta al problema educativo que arrastraba nuestro país durante el régimen anterior, con una gran falta de titulados superiores. Por ello se creó un sistema capaz de educar a la población, con cierta independencia de su clase social o económica. Si queremos caminar hacia una universidad más orientada a la investigación será una decisión perfectamente aceptable, pero no olvidando que esto puede traer inconvenientes como el empeoramiento del nivel educativo general y por supuesto que esto no sale gratis.

Asunto que no puede basarse en rankings genéricos para ver quién la tiene más larga, con parámetros bastante discutibles y que benefician sobremanera a universidades tremendamente grandes y tremendamente caras. De hecho todos sabemos que Ana Patricia Botín dirige el Banco Santander (primera empresa española en Forbes 2000) porque estudió en Harvard, ¿verdad? Deberíamos crear nuestras propias métricas que nos lleven a conocer si cumplimos nuestros objetivos, más allá de rankings chinos, saudíes o de multinacionales que luego te venderán sus productos, los cuales indexan mucho pero explican poco.

Y sobre todo es importante dejarnos de bartrinismo y de simplezas periodísticas (financiadas por las empresas que luego nos aconsejan reformas en los sistemas universitarios). Sí, sólo tenemos una universidad entre las 200 mejores del mundo según el CWUR. Pero también tenemos el octavo mejor sistema del mundo.

 

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Cuando Juanito Müller evoca Asgard


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Juanito Müller nos presenta este inquietante testimonio por el cual Luis Garicano hace en el Congreso una comparación del PIB de Noruega y de Venezuela desde 1960 y su evolución a lo largo de este tiempo. Por lo que dice Garicano ambos tenían un PIB y petróleo similares en aquellos tiempos, pero ahora Noruega mola más.

Es preceptivo y para ahorrarme comentarios dentro y fuera del blog decir que mi simpatía por el gobierno bolivariano de Venezuela es CERO. Me parecen una cuadrilla de disfuncionales cuya existencia es sólo comprensible en el marco de la historia latinoamericana y venezolana de los últimos 50 años. Porque en cualquier otro escenario un tarado como Nicolás Maduro ni siquiera conduciría un autobús.

Lo que ocurre es que Caracas me pilla a 7.000 kilómetros de distancia, mientras que personajes como John Müller y sobre todo Luis Garicano son una amenaza muy real y presente. Como he dicho varias veces Garicano es uno de los tipos más peligrosos en nuestro país. Y quien se crea que este país no puede fastidiarse más de lo que está, que se acuerde de Venezuela.

A nadie se le escapa que las constantes informaciones referidas a la República Bolivariana de Venezuela de los últimos tiempos tienen bastante que ver con el auge de cierto partido liderado por un señor con coleta y que tiempo hace admiraba los éxitos de Hugo Chávez y su “revolución”. A nadie se le escapa que a Juanito Müller le faltaron 5 minutos para empezar a meter leña contra los podemitas. Como a nadie se le escapa que las constantes apelaciones de Garicano sobre “Dinamarca o Venezuela”, adoptadas con gran alegría por ese “ubercuñao” que es Albert Rivera, van muy dirigidas a Podemos y a los movimientos que antes de su fundación se vislumbraba ganarían fuerza. De hecho la fundación de Podemos y la publicación de “El dilema de España” son coincidentes en el tiempo, por lo que si bien ese libro no era una reacción a la fundación y éxito del partido de Pablo Iglesias, sí que Garicano anticipaba aquella reacción desde tiempos del 15-M.

De todos modos hay que tener un poco de cuidado con esto de los chistes antibolivarianos, no sea que al final el tiro te vaya a salir por la culata y acabes alabando a aquellos contra los que te consagraste a combatir. Como nos contaba Carles Sirera a propósito de cierto ataque antibolivariano de JFV, puede hacer que te metas en un charco del que es complicado salir limpio. Tanto es así que si te vas a los datos publicados del Banco Mundial y observas el crecimiento del PIB por habitante de Noruega y Venezuela durante el chavismo te llevas sorpresas.

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Efectivamente, los resultados del gobierno muy bolivariano y muy revolucionario de Venezuela en estos términos son similares a los obtenidos por los cojonudos nórdicos. No se me escapa que la Noruega de 1998 era mucho más próspera que la Venezuela de aquella época, como igual tampoco debemos olvidar que si semejantes personajes han tomado el poder en Venezuela durante 17 años será porque antes algo no era normal. Como bien decía Carles soltarle ostias al chavismo sin explicar exactamente qué alternativa había o hay en el panorama político venezolano, más cuando son los mismos que tras su incompetencia permitieron en ascenso de Chávez, es garantía de éxito para aquellos a quienes pretendes criticar. De hecho el ascenso de Podemos se gestó tras recibir ostias desde ambas bandas cuando los dos mayores problemas en España eran el paro (PSOE) y la corrupción (PP). La “necesaria” aparición de Ciudadanos ha amortiguado el golpe, brindando al electorado un partido del establishment sin hipotecas que tapara la fuga de votantes descontentos hacia la formación morada.

Reiterando mi escasa simpatía por el gobierno venezolano e insistiendo en que me preocupan bastante más personajes como Garicano dispuestos a reducir pensiones, abaratar despidos o hacernos pagar 10 euros por ir al médico, igual Juanito Müller y otros deberían dejar los chistes antibolivarianos, porque encima son tan torpes que si le dedicas dos minutos encima acaban siendo contraproducentes.

 

 

 

 

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Yo no objeto nada al respective porque soy liberal


Nada como el Pazos de Manquiña para comenzar e ilustrar un inicio de entrada. Más si cabe si es otra entrada sobre “nuestros liberales”. Como ya saben llamo “nuestros liberales” a aquellos elementos que se autodenominan como tal, lo que sería muy respetable si fuera cierto, pero que en realidad son los mismos conservadores de toda vida. Lo que hoy les traigo no por ser viejo deja de ser canela fina. “Nuestros liberales” ahora vienen con un 20% más de infografías.

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Semejante cumbre del pensamiento ancap parece venir de la mano de un tal Juanma del Álamo, que si usted es medio normal no sabrá quién es, pero si es del otro medio conocerá que dice ser periodista y parece ser muy seguido por el liberalismo patrio, lo cual es garantía de éxito a los efectos que me suelen ocupar. En realidad su producción es escasa más allá de los podemitas, los progres, los musulmanes y Artur Mas, porque como les decía “nuestros liberales” de ahora se parecen bastante a los suscriptores del ABC de toda la vida.

Por lo que sea nuestro querido amigo del Álamo ha tenido la enorme deferencia de explicarnos al resto de mortales por qué no se pueden comparar los contratos temporales e indefinidos que se firman en un mes. Asunto que por supuesto agradecemos nos haya traído a colación como faro intelectual de Occidente, o mejor dicho “español”, que en Oriente sólo hay dictaduras de infames moruchos. Otra cosa es que su planteamiento y posterior explicación tengan algo que ver con la realidad que vivimos. Recordemos que estos intelectuales son los mismos que miden la precariedad laboral dividiendo parados entre contratos. Por supuesto este titánico esfuerzo pedagógico no tiene que ver con la diseminación de un oculto conocimiento, sino con su resistencia a abandonar el ridículo argumento de que no hay precariedad laboral porque 7 de cada 10 trabajadores tienen contrato indefinido.

¿Por qué es absurda la infografía que pretende denunciar el absurdo? Lo motivos son principalmente dos y el primero tiene que ver con la escala temporal. ¿Por qué se compara el nº de contratos firmados y sus modalidades con periodicidad mensual? Pues para empezar porque las estadísticas publicadas por el SEPE son de periodicidad mensual, por lo que todos los meses tenemos las estadísticas y por lo tanto es normal utilizar ese periodo para realizar una comparativa. Elegir dicho espacio de tiempo puede ser útil, entre otras muchas cosas, para detectar cambios en la modalidad de contratación dependiendo de la estacionalidad. Si los desvaríos de nuestros liberales fueran ciertos se apreciarían grandes cambios en determinados meses:

temporal vs total

O igual es una cosa que depende del año o el ciclo económico…

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Pero por lo que sea la realidad nunca termina de darles la razón, quedando bastante claro que 9 de cada 10 contratos son temporales aunque llueva, haga frío, salga el sol, lo mires por mes, por año o por década. Si a día de hoy se dice que cada mes 9 de cada 10 contratos son temporales es porque sucede de manera recurrente todos los meses. O igual el Juanma sólo ha escuchado esto un mes de su vida, se le apareció Murray Rothbard y comenzó su evangelización. Por eso el problema no es observar la proporción de contratos temporales sobre indefinidos en un periodo de tiempo, sino para qué lo utilizas.

Quizá lo mejor del razonamiento de esta criatura es que resulta tan simple, tan redondo y tan correcto, al menos aritméticamente hablando, que no sólo te vale para explicar lo que supuestamente quiere explicar, sino que además te vale para cualquier horizonte temporal. Por lo que sea el autor tampoco nos explica a partir de qué periodo de tiempo se puede empezar a calcular tasas de temporalidad, así que el dibujito te vale para un mes, uno, diez o cien años. Las cuentas serían las mismas.

El segundo motivo que convierte en absurda su crítica es que si la aritmética propuesta se correspondiera con la realidad de nuestro mercado laboral no estaríamos discutiendo sobre precariedad. Si 6 de cada 10 nuevos trabajadores firmaran contratos indefinidos y las personas afectadas por un contrato temporal fueran minoritarias pero con contratos muy recurrentes, con el paso de los meses y a mayores niveles de contratación los temporales desaparecerían. Como se pueden imaginar el problema es que esa no es la realidad.

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La última década muestra que la proporción entre contratos y personas contratadas se ha mantenido más o menos estable, entre el 2,20 y 2,65. Es llamativo que la media de contratación real y la que muestra nuestro amigo liberal sean muy similares (2,6 contratos por persona). Lo malo es que luego miras la rotación laboral y descubres dónde está el fallo.

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Y es que esos 4 trabajadores que firmaban 5 contratos al mes son los menos, en realidad el número de personas que firman varios contratos al mes parece muy escaso. Eso a pesar de que, como ejemplo el año 2014, el 40% de la contratación fuera nominalmente con una duración menor a un mes. Al mismo tiempo ese “60% de los nuevos trabajadores consiguió un contrato indefinido” tampoco se corresponde con la realidad. Por ejemplo en 2014 se firmaron 1.350.331 contratos indefinidos, que si lo pones en proporción ves que son sólo el 21,41% de las personas contratadas. Además y como hemos visto antes el patrón temporal/indefinido es muy similar independientemente del mes o del año que se trate.

Por último la famosa sentencia del “75% de los trabajadores tiene un contrato indefinido”, que al final es lo que quiere justificar el autor con esta linda pero manipulada infografía con el fin de apoyar una mayor precariedad laboral, también es fácil comprobar que es contraproducente a poco que revises la maldita historia.

Antes de la reforma laboral de 1984 la contratación temporal era residual, a lo que puso remedio otro de esos incompetentes que 30 años después sigue dándonos lecciones de cómo arreglar las cosas: Joaquín Almunia con su contrato temporal de fomento de empleo. En 1984 todo el mundo tenía un contrato indefinido, en 1987 eran el 85% y se llegó al 65% en 1995. El aumento de trabajadores indefinidos reciente es sólo fruto de que el mayor ajuste durante la crisis fue a costa de los trabajadores temporales, no porque los trabajadores indefinidos crecieran en número (desde finales de 2007 tenemos 684.000 asalariados indefinidos menos). A esto nuestros liberales le llaman “reducir la precariedad”. El resto de personas se han dado cuenta que en cuanto ha venido la “recuperación”, la temporalidad ha vuelto a subir. Creo que me voy a ahorrar el típico gráfico de temporalidad por países, porque ya se lo saben y por lo tanto conocen que con la temporalidad en España pasa algo raro. Eso sí recuerden lo que les digo siempre: la temporalidad no mide lo que te dura el trabajo, sino la ventaja que supone emplear esa modalidad.

Con lo que al final la infografía que pretendía explicarnos por qué es absurdo comparar cifras de contratación de un mes acaba resultando aún más absurda, aunque la aritmética y la lógica pueda parecer correcta. El que compara números de contratos temporales e indefinidos durante un mes:

  • No es ignorante ni embustero, emplea el mismo periodo que utiliza el servicio estadístico correspondiente.
  • Cuando se hace es porque la proporción de contratos temporales e indefinidos resulta prácticamente igual durante cualquier mes y cualquier año que observes.
  • En el mundo imaginario de nuestros liberales 6 de cada 10 trabajadores firman contratos indefinidos, en el mundo real son sólo 2. La mayoría de personas que firman contratos lo hacen por más de un mes.
  • La historia nos muestra en el pasado la proporción de trabajadores indefinidos era mucho mayor, sólo se ha reducido de manera sensible por los efectos de la crisis económica.

Así que puedo decir que quien se dedica a hacer infografías con datos falsos para justificar ideas que sólo existen en su imaginación, no se sabe si es embustero o ignorante, pero de lo que estoy seguro es que son “nuestros liberales”.

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Los 850.000 militantes del PP y otros excesos


Uno de los clásicos dentro del discurso del Partido Popular es la apelación a su gran implantación en la sociedad, expresada por el ingente número de afiliados que dicen poseer en comparación con el resto de formaciones. Según el último dato facilitado por el partido actualmente tendría unos 862.000 afiliados, cifra que si no la pones en perspectiva no te dice ni mucho, ni poco, ni lo contrario. Pero para los más observadores de la clase esa cifra resulta sospechosa.

Por poner en perspectiva estas cifras decir que el PSOE, partido que suponemos seguiría en implantación al Partido Popular cerró su censo para la votación del acuerdo con C’s en 189.167 militantes con derecho a sufragio. A nivel europeo por ejemplo la CDU/CSU alemana dice tener 600.000 miembros, el SPD menos de 460.000, los socialistas franceses 131.000 y los republicanos 238.200, los laboristas británicos 388.407 y los tories 149.800, el Partido Democrático de Renzi dice tener 385.320 afiliados. Teniendo en cuenta además que los españoles no tenemos gran afición por el asociacionismo, como no fuera para ser cofrade en la procesión del pueblo, podemos decir que la cifras de militancia del Partido Popular deben incluir a los militantes de Narnia, la parte meridional de la Tierra Media y algunas regiones del País de Nunca Jamás.

Como siempre el secreto está en la masa (soy así de original) y el truco consiste en contar como afiliados hasta a los paletas que hicieron la reforma en Génova 13 del Percebe, ya que el PP distingue entre dos tipos de afiliados: militantes y simpatizantes. La diferencia entre ambos que unos están obligados a pagar cuotas y otros no, diferencia que a la hora de pegarse golpes en el pecho debería ser tenida en cuenta. Contar “simpatizantes” como trampa para inflar tus estadísticas puede estar muy bien, pero no es real y no debería tenerse en cuenta. Otro partido ejemplo de esta práctica es Podemos, que afirma ya tener casi 400.000 inscritos pero con menos de 7.000 personas comprometidas al pago de cuotas, aunque en este caso el uso de microcréditos para su financiación le haga menos necesario la fuente de financiación regular de la militancia. Bajo esta perspectiva el PSOE en 2013 afirmaba tener unos 623.000 afiliados, ya que decía contar con 406.000 simpatizantes.

Incluso estas cifras de militancia que paga sus cuotas pueden ser puestas en duda con cifras en la mano. Según la Agencia Tributaria en 2013 sólo 90.045 liquidaciones se dedujeron sus cuotas en la declaración de IRPF. Con esta cifra hay que ser cauto pues muchos contribuyentes pueden olvidar o desconocer que sus cuotas tienen semejante trato fiscal, aunque sean minoritarios. También hay que tener en cuenta que esta estadística es de liquidaciones e incluye declaraciones conjuntas, por lo que puede haber matrimonios ambos afiliados que aquí contarían como uno sólo. Por último hay que tener en cuenta que muchos contribuyentes no están obligados a la presentación de la declaración y por lo tanto si no les es conveniente no la presentan y por lo tanto no figuran. De todos modos si vemos la distribución por tramos vemos que la mayoría de declarantes que se deducen por este concepto se agolpan en los tramos que rozan o superan la obligación de presentar declaración. Pero en un país en que podríamos decir que medio millón de personas según sus partidos pagan cuotas, que sólo se presenten 90.000 declaraciones deduciéndolas resulta cuanto menos extraño.

Supongo que salirte de un partido político debe ser más complicado que dejar la heroína, la iglesia católica o de masturbarte. A lo mejor simplemente en tu interés por inflamar las cifras no tengas ganas por actualizar los censos. El PSOE se lanzó a una regularización del censo en 2001 y el resultado fue pasar de tener 400.000 militantes a 215.000, el resto pasaron a ser “simpatizantes”. Teniendo en cuenta que al PP se le ha acusado de llevar ancianos e incluso muertos a las urnas, si pides el censo de afiliados del PP te deben entregar el videoclip de “Thriller”.

Incluso la demoscopia se pone en contra de los datos de afiliación. El CIS de vez en cuando hace preguntas sobre asociacionismo y participación social. En el barómetro de noviembre 2013 preguntaba específicamente por la participación de diversas organizaciones, incluyendo partidos políticos. Ante tal pregunta la respuesta cruzada por recuerdo de voto en 2011 daba este resultado:

Participacion política

Como vemos en el caso del PP el 4,7% de los encuestados que afirmaron votarles pertenecen a un partido político. Como supongo que los miembros de Falange Auténtica votando al PP son pocos y los miembros de PCE que voten PP aún menos, lo normal es que quienes votaron PP y afirman pertenecer a un partido, éste sea el PP. Con sólo trasladar ese porcentaje al nº de votantes del PP en la generales de 2011 saldrían poco más de 509.000 “pertenecientes”. Al PSOE le saldrían 348.694 o a IU 82.359. De todos modos este es un ejercicio de ciencia ficción y no debe ser tomado en serio a la hora de cuantificar afiliados, pero nos sirve en consonancia con lo dicho anteriormente para hacernos una idea de lo extrañas que son las cifras de afiliación que nos dan los partidos.

Otra forma de hacernos una idea con las cifras de afiliación sería ir a los capítulos económicos y acudir a los ingresos por cuotas de afiliados. Pero visto cómo se financian los partidos y en concreto el Partido Popular igual es un poco perder el tiempo. El PP en su memoria de 2014 afirma obtener más de 13 millones de euros de ingresos de afiliados, cargos y simpatizantes, siendo 3.712.735,69 € los que figuran directamente como cuotas de afiliados. Si tenemos en cuenta que la “cuota básica” para un militante del PP es de 20 euros anuales, nos salen 185.636 militantes que pagan su cuota con religiosidad. Pero teniendo en cuenta y a la vista de las informaciones que las cuentas del PP presuntamente tienen serios problemas de credibilidad y legalidad, estos cálculos tampoco pueden ser muy tenidos en cuenta.

¿Cuántos afiliados reales tienen el PP u otros partidos? Pues como vemos es complicado saberlo y no sólo porque éstos estén en la línea de sobrevalorar sus cifras. Los datos de afiliación política son datos de carácter personal que requiere un nivel de seguridad “alto”, lo que hace más complicada y menos accesible su consulta aunque pudieran entregarse disociados. De todas formas parece claro que las cifras de afiliación que ofrecen los partidos y en concreto las del PP que las agitan con relativa frecuencia, parecen más exageradas que los relatos de un andaluz.

 

 

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El pacto entre posturas


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A petición popular le dedico unas líneas a este ritual entre PSOE y Ciudadanos perfectamente escenificado. No es que tenga demasiado que decir porque el espectáculo no deja de ser precisamente eso: otro espectáculo más en este festival del que ya no recuerdo su inicio. Sólo así se entiende a dos señores que suman 130 escaños convocando periodistas en la Sala Constitucional del Congreso, para ver cómo firman algo como si fuera muy trascendente.

No voy a entrar en los contenidos del acuerdo porque a día de hoy no merece la pena. Con el debido respeto es lo mismo que discutir un acuerdo entre Recortes Cero y el PACMA. Porque en realidad esto ni es un pacto de investidura, ni de Gobierno sino puro postureo. Entiendo que sus rivales estén muy enfadados, casi todos también en pleno taller de viewpoints. También entiendo que el Letiziado esté celebrando con derivados de peyote la posibilidad de un gobierno del partido con el que siempre simpatizaron junto con el partido al que no tienen valor de afiliarse. Falta Monedero sacándose la chorra y que cambien el “José Mota presenta…” por “La hora de Hernando & Floriano” y estamos todos. Pero recuerden que esto es cosa de tres.

Hablando de Monedero, en mi humilde opinión el que gana con esta historia es Rivera, que últimamente va en “Modo Dios“. Después de una última semana de campaña en la que se le habían acabado los folios escritos por Garicano y de unas semanas post-electorales haciendo lo que mejor sabe que es estar en excedencia, ha vuelto con fuerza y ha conseguido ser el primero en aparecer firmando “un algo”. Esto para los riveriers es muy importante porque le hace un señor muy “sensato”, que se entiende con todo el mundo y nos salvará de la barbarie podemita. Porque el único objetivo e interés de Ciudadanos es que Podemos no gobierne ni una comunidad de vecinos.

Mientras tanto Sánchez, alias Vacío, como o bien sale investido o bien sale embestido, no tiene otra opción que tirarse a los brazos del primero que se los haya abierto. Y si lo hace Mariano pues Mariano y si lo hace Pablemos pues Pablemos y si hace falta te doy un cigarrito. Que quien no me quiere es porque no quiere corazón, si hace falta adopto el 80% de tu programa aunque no tenga ni pies ni cabeza. No sea que vayamos otra vez a votar e igual os pase algo, no sé, tenéis alergia al papel u os pilla regulero porque sois metreros en Barcelona. Si eso pasa la culpa será de Podemos que es lo mismo que el PP o del PP que es lo mismo que Podemos. Si ha funcionado tres décadas en Andalucía…

La historia empezó bien con el anuncio previo de una reforma de cinco puntos de la Constitución. De esos “puntos” que nadie podría rechazar porque en su mayoría forman parte del imaginario “cuñao” que se ha ido propagando en estos años. ¿Quién se va a oponer a eliminar los aforamientos? Despolitizar la justicia debe molar mucho, la diferencia entre que los vocales del CGPJ sean elegidos en las Cortes y que sean elegidos por las asociaciones de jueces debe ser muy notable. Y otras cosas estupendas como rebajar el nº de firmas para presentar una ILP y que sea menos molesto limpiarse el culo con ellas o eliminar las famosas Diputaciones para crear otras Diputaciones que no se llamen Diputaciones. ¿Qué me dicen sobre la limitación de mandatos para el Presidente de Gobierno propuesto por un señor que lleva casi 10 años presidiendo un partido político? ¡Eh, y es “reforma express”! ¿Votar modificaciones constitucionales que no iban en el programa electoral del socio mayoritario del pacto? Quita, quita.

Pero cuando llega el verdadero acuerdo es cuando te das cuenta que estás ante una operación de postureo, con los mismos unicornios pero ahora sí que puedes señalar las vaguedades e incongruencias de la pantomima porque deberán ser más concretos… o no. El caso más claro lo demuestra un tema legendario en este blog: el contrato único. Primero presentan una propuesta de contrato que abarata el despido, sale Errejón a decirles que abarata el despido y Hernando le dice que es un mentiroso para luego tener que reconocer que tenía razón y lo habían rectificado… que se había hecho tarde y por eso no sabíamos lo que firmábamos. Esta es una muestra de la fiabilidad que tiene dicho pacto y la constatación de que llegado el momento lo cumplirán o lo cambiarán como les dé la gana. Porque de todas formas nada podrán hacer sin los azules o los morados. Es la famosa “política basada en la evidencia”… de que no me haga perder votos.

Me gustaría terminar felicitando desde estas líneas al Partido Socialista y a Ciudadanos por firmar un pacto para que tengamos elecciones el 26 de junio. Un abrazo.

 

 

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El Señor es mi pastor, nada me falta.


Si alguien está haciendo méritos últimamente para subir puestos en mi hit parade de personajes estúpidos ese es Víctor Lapuente, personaje letizio que afirma ser profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Gotemburgo y con una irremediable tendencia a presentar hechos de manera…. digamos que peculiar.

Por poner ejemplos tenemos aquella vez que en una columna relacionaba la excelencia de las universidades escandinavas no con el dinero, sino con que no había funcionarios. Como recordarán los seguidores del blog sólo hubo que irse a buscar datos comparados de financiación universitaria para ver que precisamente el aspecto diferencial de las universidades escandinavas respecto al resto era… la financiación.

Lapuente y los funcionarios

Siguiendo con su patología anti-estatutaria, es capaz de afirmar que los funcionarios españoles están muy bien preparados pero que no quieren ser funcionarios. Debe ser el único señor del mundo que aún no se ha enterado de que en nuestro país hay ostias por entrar en procesos selectivos que desemboquen en una carrera funcionarial y muy pocos abandonan dicha carrera. Entre otras cosas para poder acceder a unas buenas condiciones laborales con gran seguridad y una excelente política de conciliación, como muestra la participación de las mujeres en el colectivo incluso en áreas que culturalmente no han sido ocupadas por este género. Pero también precisamente para acceder a una carrera funcionarial. Según este señor los funcionarios, que voluntariamente entran en un sistema implantado hace 30 años, no quieren ser lo que son. No le preguntemos cómo un colectivo bajo un sistema de reclutamiento y carrera tan nefasto y que está “frustrado” puede ser de los más “capacitados” del mundo para realizar su profesión.

No se piensen que esta opinión suya es casual. Los únicos funcionarios con los que ha debido interactuar este señor son aquellos académicos que iban a encabezar un “movimiento dimisionario” para que los catedráticos no fueran funcionarios. Cinco años después por supuesto que no había ningún “movimiento” y ninguno de estos elementos ha abandonado de su plaza. A lo sumo están on leave con la plaza reservada, que seremos eminentes letizios pero de gilipollas tenemos lo justo y a la sombra se vive mejor. Tras el habitual despelleje de apertura vayamos a los hechos.

Don Lapuente regresa a uno de esos medios que no enlazo, ya conocen el motivo, y en un editorial cuyo argumento consiste en achacar a los nuevos políticos centrarse en temas que producen enfrentamiento, no en asuntos que son más importantes y según él generan “consenso”. Si le das dos vueltas al escrito te das cuenta que te estás enfrentando al típico panfleto letizio por el que no puede existir vida fuera del “consenso”. Por supuesto el consenso es letizio.

Los propios ejemplos que emplea muestran cómo esta criatura maneja los argumentos para dirigir la atención hacia sus propios intereses, sin tampoco demasiada fortuna e inteligencia. Por ejemplo y al hablar de España se acuerda de algunos partidos en concreto pero no nombra a aquel del que se decía llevaba “100 años de honradez… y 40 de vacaciones”. Pero hace el ridículo de manera pasmosa con frases como “No sabemos qué edad de jubilación proponen, pero sí qué monumentos querrían retirar de las plazas públicas o cómo vestirían a Melchor en la cabalgata de Reyes.“.

Jubilacion podemos

Como podemos descartar que a Suecia no llegue internet o que esta persona sufra patología que le haya afectado de forma severa sus capacidades cognitivas, queda la teoría que explica su comportamiento de forma habitual y es su infantil capacidad de manipular las cosas.

Haciendo un inciso en este tema de los Reyes Magos, los titiriteros y demás, supongo que los politólogos tendrán un nombre muy chulo para definir ese fenómeno. Como yo no lo soy sólo puedo decir que esto es más viejo que los calvos con melena. De toda la vida la oposición a un gobierno siempre ha intentado crear un estado de alarma constante ante cualquier situación. En el caso particular de los mal llamados “Ayuntamientos del cambio”, que cambiar están cambiando poco aunque poco siempre sea más que nada, el tema ha pasado a un nivel de ridículo sin precedentes. ¿Por qué sabemos y debatimos más sobre el traje de los Reyes Magos de la cabalgata madrileña que de los 10 aparcamientos disuasorios que van a construir? Muy sencillo, porque hay una maquinaria político-mediática decidida a crear un estado de alarma constante en aquellas ciudades donde determinadas opciones gobiernan. Y no es algo exclusivo contra Podemos, lo hacen todos contra todos sólo que en ese caso se ha llegado a un nivel de absurdo que muchos ciudadanos lo detectan y por eso en el año de campaña que llevan contra los podemitas, nuestros medios y los políticos que llevan años salvándoles de su deuda sólo han conseguido reforzarles.

Esa forma de manipular las cosas lleva al Don Lapuente a presentar dicotomías absurdas. Según este señor hay temas cuyos objetivos son compartidos y otros sobre los que se discrepa. Según este señor los políticos deben centrarse en estos objetivos compartidos y dejar de lado temas que lleven a objetivos discrepantes. Pone como ejemplo de compartidos el crecimiento económico o la reducción de la criminalidad, mientras que los “temas posicionales” serían el aborto o la cadena perpetua entre otros. Esto es estúpido por varios motivos.

Primero porque la acción política es casi siempre conflictiva. Si el partido A y el partido B deciden que deben subir impuestos, no hay debate, no hay conflicto y Lapuente en Suecia no se entera de nada porque no se produce debate alguno. Pero el conflicto sucede constantemente tanto en los “temas de valencia” como en los “temas posicionales”, que así los llama este señor. El “crecimiento económico” puede ser un objetivo que todo el mundo comparte, no entro en que Don Lapuente haya olvidado la teoría del Decrecimiento, pero a la hora de resolver cómo generar crecimiento económico pocos enfrentamientos más viscerales y enconados encontraremos que si juntamos en la sala a representantes de las diversas corrientes de pensamiento económico. Una cosa es compartir los objetivos y otra cosa es que no existan frentes a la hora de discutir cómo conseguirlos. Excepto si eres letizio que las cosas son como son y lo son porque lo dicen ellos.

Otro motivo por el que la dicotomía de Don Lapuente es absurda es porque no parece o no quiere entender que los temas abordados por los políticos proceden de las preocupaciones de la opinión pública, intentando ser moduladas y manipuladas por los medios como armas para generar “consenso”. Pero bien el azar o la opinión pública suelen ser quienes marquen el debate. Los políticos no siempre pueden elegir los temas principales. Los políticos no tratan temas como el aborto o las relaciones exteriores porque no tengan nada mejor que hacer, sino porque son asuntos que preocupan a sus ciudadanos. Y si son más notables sus diferencias es porque la población tiene diversas posturas, los políticos pretenden representarlas y por lo tanto cuanto menos consenso haya sobre una materia, más sensación existe que la política se centra en estos ámbitos frentistas.

Incluso temas que Lapuente considera principales engloban temas que considera deben ser accesorios. Con sus propios ejemplos la reducción de la criminalidad tiene mucho que ver con el debate de la cadena perpetua, con lo que un objetivo que genere consenso acaba llevando irremediablemente a un debate que genera enfrentamiento. Si para Don Lapuente el objetivo de reducir la criminalidad no merece un debate sobre el Derecho y el sistema penitenciario que se lo haga mirar. O puede ser peor y pensar que nuestra opinión pública no da para más y no puede centrarse en varios ámbitos a la vez. En Suecia supongo que el debate de los toros no tiene mayor relevancia, pero en España es normal que el maltrato animal sí que la tenga. Para Don Lapuente sólo hay que hablar del paro y ofrecer cualquier punto de vista no-letizio al respecto es “ideología”.

Otra estupidez que nos relata es indicar que esta táctica frentista resulta rentable debido a lo segmentado del voto. Como es lógico si no hay opciones políticas no hay debate y las disciplinas de partido llevan a un discurso monolítico. En un régimen unipartidista todo es blanco, en uno bipartidista es blanco o negro. La diversidad de opciones ofrece una gama de colores que va ocupando todas las sensibilidades del electorado. Si los de Podemos pensaran lo mismo que el PSOE, militarían en el PSOE. Si los de C’s pensaran lo mismo que… bueno ese no era un buen ejemplo.

En realidad lo preocupante no es que semejante personaje tenga ingente espacio en los principales medios de difusión de nuestro país, ventajas de la libertad de expresión de la que siempre disfrutan unos más que otros en dichos espacios ya que comparten objetivos. Ese editorial es una muestra perfecta del despotismo ilustrado letizio. La Democracia es sustituida por una Tecnocracia “basada en la evidencia” y donde la evidencia es un artículo con el sello del Banco Santander concluyendo que “más investigaciones deben realizarse“. Son los mismos que nos están pidiendo un Gobierno “de consenso”, no se sabe muy bien para hacer el qué. PP es lo mismo que Podemos que es lo mismo que los republicanos que es lo mismo que Hugo Chávez. Socialismo es Libertad y en Dinamarca atan perros con longanizas. Son los mismos que en lo peor de la crisis pidieron “gobiernos de concentración” en los que tecnócratas asumieran las carteras. Fuera del consenso, de su consenso, no hay vida inteligente. Sólo hay una izquierda posible y sólo puede venir de mano del Letiziado. Los temas importantes y su resolución no merecen debate sino que son impuestos por la élite intelectual a la que ellos pertenecen.

Unos son pastores y otros son borregos, los letizios creen ser los primeros porque se piensan que el resto somos los segundos.

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¿Y si hacemos elecciones y nos dejamos ya de hostias?


Es muy tentador escribir “cosas” sobre la situación política en nuestro país durante el último mes, pero como la situación parece tan cambiante a uno le da la sensación de que cualquier opinión se queda antigua en 48 horas, ni creo que vaya a aportar nada novedoso o concreto al debate. En realidad admiro la capacidad de los opinantes por buscar complicados escenarios y motivaciones para explicar las negociaciones de investidura de nuestro futuro presidente de Gobierno.

Ya desde el resultado electoral del 20D parecía que estábamos abocados a una nueva cita electoral y el tiempo parece ir dándole la razón a esta opinión. De hecho a mí me parecería lo más razonable y eso lo explicaré luego. Por supuesto se puede dar un desenlace distinto, pero para que esto ocurra alguien debería suicidarse y esto a corto plazo no parece un escenario plausible. Si yo hoy tuviera que jugarme dinero lo haría por otra convocatoria de elecciones, porque quiero y porque lo veo probable. Por eso llevo 3 años sin jugar lotería de navidad.

En realidad no tengo ninguna prisa por tener presidente, si nos hemos pasado 4 años gobernados por un señor que no hace nada, no sé qué prisas tenéis por cambiarlo. Así nos aseguramos de que no pueda hacer más daño. Por suerte o por desgracia los estados modernos están lo suficientemente “burocratizados” como para no necesitar la acción de los políticos. Los hospitales abren, los abuelos cobran sus pensiones y los jueces mandan a prisión a titiriteros en tiempo récord. Por mi parte nuestros representantes pueden pasarse el resto de sus vidas discutiendo sobre el aborto de la gallina.

Más allá de los análisis de nuestros más ilustres tertulianos, en mi opinión todo este asunto de la investidura gira en torno a los dos enfrentamientos en los que están enzarzados sus protagonistas: Rajoy contra Sánchez e Iglesias contra Rivera.

En el caso de Rajoy y Sánchez a su enfrentamiento le pasa un poco como a Los Inmortales: sólo puede quedar uno. El cadáver de quien no salga presidente de Gobierno sería lanzado al río y cada uno con sus circunstancias no se pueden permitir el fracaso. Esta situación explica su actuación, así como la de sus compañeros de partido que buscan aprovecharse o evitar las consecuencias de la defunción de su líder. Para unos partidos que llevan 25 años en el poder esto es sólo cuestión de mantenerlo, bien a nivel de partido o bien a nivel institucional.

Así pues Rajoy ha decidido hacer lo que mejor sabe hacer: nada. Nunca nadie llegó tan alto sin hacer nada. Sabe perfectamente que si no sale presidente, Aznar le manda a Santa Pola y no sabemos a quién daría el mando, pues estamos acostumbrados a que el líder conservador sea ungido por El Dedo Divino. Que casi ningún partido quiera saber nada de él tampoco es extraño, aparte de que en el PP siempre fueron especialistas en no congeniar con nadie, a cualquier partido que provenga de una mayoría absoluta le pasará lo mismo. No necesitabas a nadie y nadie te ha dado la razón porque no te hacían falta, así que cuando pierdas esa mayoría te van a devolver todas las ostias. Y como Pedro está en una situación similar a la de Mariano, éste último conforme a sus costumbres intentará sobrevivir gracias al fracaso ajeno.

A Pedro le pasa un poco lo mismo, que su fracaso sería el triunfo de Susana y supondría la toma del poder, no por parte de La Casta sino de La Caspa. La diferencia es que Pedro no puede sentarse a fumar Cohibas porque tiene cercana su re-elección como Secretario General, así que necesita precipitar los acontecimientos. Si le sale bien se salva y si le sale mal igual tiene suerte y bola extra en los próximos comicios. Así que mientras Rajoy y Sánchez dirijan sus respectivos partidos no esperen que uno permita la investidura del otro. Quien esté pensando que ahora Mariano va a abstenerse para que Sánchez sea presidente tiene mucha imaginación, a menos que se las vea tan “moradas” que no le quede otro remedio. Y eso también es mucho imaginar porque el otro enfrentamiento lo hace poco posible.

El otro enfrentamiento es el Iglesias-Rivera, es igualmente excluyente pero por motivos distintos. Pablo y Albert no tienen problemas de liderazgo en sus respectivos, pueden pasarse la legislatura en la oposición troleando lo que sea preciso. Pero al mismo tiempo es imposible que uno le facilite la vida al contrario. Que sus líderes hayan evitado “ahostiarse” en público no esconde que sus militantes y simpatizantes se tengan un odio visceral contrastable en cuanto enchufes el ordenador.

Ciudadanos es un partido que nació sin más interés y objetivo que enfrentarse al nacionalismo catalán, recogiendo el descontento de determinados votantes con los partidos tradicionales que se vendían a los “separatas”. Tras ver el éxito de Podemos se decidieron a repetir jugada a nivel nacional aprovechando el espacio disponible, recogiendo toda la basura que hubiera por ahí, todo ello con el beneplácito de los “poderes fácticos fácilmente reconocibles“. Entre toda aquella “basura” los miembros más destacados eran aquellos que antes de entrar en política, a pesar de haberlo negado durante años, ya apuntaban maneras.

Podemos es un partido que igualmente apareció para ocupar un espacio disponible entre el electorado y para ello fueron recogiendo a los damnificados por el Huracán PCE. No eran ni de izquierdas ni de derechas como los Ciudadanos, aunque fueran más sospechosos que el Torete con una palanca. Por mucho que el errejonismo intentara dulcificar el discurso, para un partido de perroflautas iba va a ser complicado aceptarar por acción u omisión a los chicos del IBEX-35.

Por eso Albert no quiere ni ver a Pablo, que además ha estado coqueteando con lo más satánico para él que son los independentistas, ni Pablo quiere ver en pintura a Albert. Cualquier posibilidad de gobierno pasa por la derrota de alguno de estos contendientes y ninguno tiene ganas.

Aún así tenemos a todo el mundo clamando por el consenso, el debate, la negociación, una nueva transición, un pacto de Estado y todo tipo de frases vacías que no llevan a ningún sitio pero que te dejan como una persona racional. No sabemos muy bien si el consenso consiste en subir o bajar impuestos, no sabemos más allá del populismo de unos y otros qué fiscalidad y prestaciones tendrían los autónomos. Ni sabemos exactamente qué pasaría con las pensiones. Se puede salir feliz y abrazado con el PNV, mientras se hace imprescindible hablar con quienes derogarían el cupo vasco. Se puede hacer creer a la gente que quitando a Rajoy y poniéndo a Bárcenas, Barberá o Granados se puede acabar con la corrupción porque no está demostrado que la corrupción en el PP sea generalizada. Puedes salir tranquilamente a pedir la vicepresidencia y 5 o 6 ministerios para no se sabe muy bien el qué, cabreando mucho a Isidoro… y a sí con todo.

Es muy complicado que existan diálogos o consensos entre grupos que se han pasado los últimos meses atizándose de lo lindo, con programas opuestos y en algunos casos con líderes jugándose el gaznate. Por eso lo más razonable, a mi modo de ver, sería que fuéramos a unas nuevas elecciones, sin el barniz de gilipollez pre y post electoral vivido estos meses.

Al contrario de lo que os dicen las encuestas, puede que los resultados difieran del 20D porque Campo Vidal le podría soltar un sopapo al primero que dijera “salimos a ganar” o “gobernar en solitario”. Sé que soy muy optimista en ese escenario, si viviéramos en un país medio normal esta segunda vuelta traería nuevas alianzas y todos dejarían más o menos claros sus preferencias tras las elecciones. Pero esto es España y aquí daría tiempo a fundar 2 o 3 partidos más de izquierdas.

Mi opinión por lo tanto es que lo deseable sería ir a elecciones lo antes posible, y posible es que la mayoría de los actores políticos piensen lo mismo. Ni Rajoy se va a dejar vencer por Sánchez, ni Rivera le va a dar ministerios a Iglesias que además debe lidiar con sus confluencias. Si a esto le sumas a una IU que lleva refundándose desde tiempos del Deuteronomio o al comando silvestre catalán haciéndole calvos a la Guardia Civil… Vamos, que estamos esperando unos pactos de lo más normales.

¿Y si hacemos elecciones y nos dejamos ya de Hostias?

 

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Así hemos cambiado nuestro modelo productivo


Uno de los comentarios que más escuchamos a nuestros políticos y economistas es el famoso “cambio de modelo productivo”, que si lo aderezas con un poquito de I+D y dos gotas de valor añadido es un discurso estupendo. En la mayoría de ocasiones luego no tienes ni pajotera idea de qué era en concreto, pero seguramente te hayan dicho algo de Dinamarca, de Estados Unidos o de Alemania y eso seguro tiene que ser fenomenal.

En mi caso igual que me parece absurdo aquello de adaptar “las titulaciones” a la realidad de la empresas, ya que éstas últimas no son especialmente buenas detectando oportunidades a largo plazo sino capturando beneficios en el corto (esta entrada será un buen ejemplo), creo que una Administración tampoco es el mejor órgano de decisión para llevar a cabo estos procesos de cambio. No es que un Gobierno no pueda tener éxito haciendo una determinada política industrial, pero no es lo mismo si eres una dictadura que dura 50 años y tiene plena soberanía económica que si eres un país democrático cambiando cada 4 años de partido dirigente y estando en el área Euro. Por poder es posible, pero si vas con dos ideólogos distintos y distantes cada década, no tienes soberanía monetaria, no puedes aplicar aranceles o pasarte la propiedad intelectual ajena por las gónadas… lo vas a tener mucho más complicado. Recordemos que en España tuvimos la feliz idea de realizar una “reconversión industrial”, cuya supuesta intención era re-industrializar el país sobre bases más sólidas y el resultado fue una burbuja inmobiliaria y crediticia de campeonato.

Aunque siempre se puede optar por no hacer nada, al menos de forma muy aparente, y que “el mercao” vaya colocando al personal en su sitio. Si encima te coge durante una crisis como esta, los resultados se hacen mucho más notables. En España nos ha pasado un poco esto último, nos hemos preocupado más por darle con la guadaña al presupuesto que en darle una dirección, la que sea, al país para el futuro. Y con el tiempo el personal se ha ido colocando donde buenamente ha podido: en el mismo, en otro sector, en la oficina del paro o en Laponia. ¿Qué ha ocurrido exactamente?

Para esta entrada he extraído los datos procedentes de la última EPA, publicada el 28 de enero y con la que nuestro Gobierno en funciones se ha pegado golpes en el pecho. Que tengamos 50.000 ocupados menos y casi 600.000 activos menos que cuando llegaron, así como la precarización de todo tipo que se ha producido es parte del nuevo “milagro español” que abanderarán desde el Partido Proletario en cuanto salgan de La Moncloa.

La idea es tomar tres puntos concretos de nuestra “historia” para hacer las comparaciones oportunas. El primero es la situación actual (4º trimestre de 2015) y compararlo con el inicio del periodo de crisis, en este caso tomo el 1º trimestre de 2008 ya que es el inicio de la serie que puedes consultar en el formulario del Instituto Nacional de Estadística. El tercer punto que he tenido en cuenta es el 4º trimestre de 2011. ¿Motivo? Porque es la cifra de ocupación más cercana que he encontrado al que tenemos en la actualidad.

Por otra parte con frecuencia escuchamos que la ocupación o el desempleo varía por “sectores” y pase lo que pase siempre se habla del “sector servicios”. Yo no soy muy fan de observar sectores, sino actividades económicas. Más que nada porque 3 de cada 4 trabajadores en España pertenecen al sector servicios, así que ésta es una clasificación demasiado genérica para un ejercicio como el propuesto. Por claridad sólo se mostrarán las Secciones y no todas las actividades económicas.

Sin más dilación y más de 600 palabras después, vamos al turrón:

(click sobre los gráficos para ver mejor)

Ocupados2008_2015

Van a pasar casi 7 años y las cifras no difieren demasiado de aquellas que ofrecía hace más de 5  e incluso hace un par de años. La construcción y la industria manufacturera siguen siendo las actividades donde más empleo se ha destruido, seguidas del comercio. Que estas tres actividades sean las que más ocupados hayan perdido entra dentro de lo previsible, siendo las tres actividades que más trabajadores empleaban y con mucha diferencia. Entre las 3 sumaban casi el 45% de los empleados en España y las tres lo hacían a gran diferencia de la 4ª actividad con mayor ocupación (Hostelería).

No por menos abultadas en términos absolutos son menos llamativas otras caídas que en términos relativos también son notables, destacando sobre el resto las industrias extractivas, que han perdido más del 30% de su población ocupado, cifra sólo un poco mayor que la industria manufacturera pero aún a mucha distancia de la construcción que ha perdido nada menos que el 60% de su población ocupada. Si a estas alturas de la función alguien piensa que el aumento del desempleo en nuestro país ha sido porque no hay contrato único o porque nuestro mercado laboral no es “flexible”, que se lo haga mirar.

%ocupacion_2008_2015

Son las actividades fuertemente ligadas al sector público las que han ganado peso respecto al total (sanidad, educación y AAPPs). Como veremos en el otro periodo que he tomado, estos aumentos son gracias a la evolución de la ocupación de estos sectores hasta 2010, excepto en el caso de la Sanidad que llega a 2011. Junto a ellos destaca la hostelería, al contrario que las actividades anteriores tiene su despegue en la parte final de este periodo, ya que por ejemplo a finales de 2012 había perdido 223.000 ocupados y hoy podemos decir que ha ganado 137.000, ambas respecto al 1º trimestre de 2008. Como no es muy probable que trabajadores de la construcción o industriales acaben de sanitarios o profesores, es muy posible que el sector al que hayan emigrado parte de estos trabajadores sea el de la hostelería.

De todos modos para estudiar este fenómeno no es el mejor momento y sería mejor hacerlo cuando se haya recuperado todo el empleo perdido. Por eso a día de hoy lo único que podemos hacer es buscar un punto de referencia que nos acerque a la población activa actual y que por lo tanto pueda ser un poquito más comparable. Por suerte para nosotros esa fecha es el 4º trimestre de 2011, momento en el que ZP deja La Moncloa y llega el Partido Popular con su reforma laboral a intentar solventar el entuerto. Así matamos dos pájaros de un tiro ¿A dónde nos han llevado en este tiempo?

Ocupados2011_2015

 

Durante el Periodo Mariano vemos que la supuesta recuperación se basa principalmente en la creación de empleo en la Hostelería, sin que se aprecie una gran mejora en las actividades afectadas durante la primera parte de la crisis (construcción e industria). A ellos se suma “AAPPs y Defensa” que parecen haber sido las perjudicadas por la política de recortes en términos de ocupación. Destaca bastante el aumento de las actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento, ya que su aumento absoluto destaca sobremanera si lo enfrentamos a su importancia relativa dentro de las cifras de ocupación, es una actividad que en 2008 ocupaba al 1,4% de los ocupados y ahora lo hace al 2%.

También destacan las actividades profesionales, científicas y técnicas así como las administrativas. Pero no crean que es porque hemos cambiado ferrallas por científicos, ya que en el caso de la primera si miras dentro de las secciones ves que la actividad que ha absorbido casi todos estos trabajadores es “Actividades jurídicas y de contabilidad” en el caso de las “profesionales, científicas y técnicas”, mientras que en el caso de las “administrativas” el aumento se reparte entre “Actividades de agencias de viajes…”, “Servicios a edificios y actividades de jardinería” y “Actividades administrativas de oficina y otras actividades auxiliares a las empresas”. O sea que aparte de hosteleros, las actividades que crearon empleo o son abogados o son actividades relacionadas con el auge de la hostelería. En el resto de actividades el cambio en el peso sobre el total de ocupación es muy leve.

%ocupacion_2011_2015

Supongo que con estos datos cada uno podrá sacar sus propias conclusiones, aunque esta haya sido una aproximación bastante liviana a la realidad. Es posible que otras fuentes como la Muestra Continua de Vidas Laborales nos dieran más pistas sobre lo que ha ocurrido. Lo que sí que parece claro es que en el hipotético caso de que nuestro modelo productivo estuviera cambiando, lo está haciendo sustituyendo empleo en la construcción e industrial por actividades de hostelería y relacionadas. Esto refuerza mi idea de que el dinero es como los tiburones y va donde huele sangre. Tenemos tipos por ahí creyendo que antes se invertía en Construcción y ahora en Hostelería porque no hay un contrato único. Otros somos más raros y pensamos que la construcción era el sector donde se podía ganar más dinero o que la hostelería es la actividad donde tenemos una mayor ventaja competitiva respecto a otras naciones.

Y volviendo a los párrafos iniciales, por este motivo las empresas tampoco son buenas indicando, por ejemplo a las Universidades, dónde tienen que orientar su oferta de titulaciones y contenidos. Estudiar un Grado es para toda la vida, hace 10 años “la empresa” te hubiera empujado a hacer Arquitectura y hoy es posible que estuvieras en el paro pensando si no te hubiera ido mejor estudiando Turismo. Por eso la oferta y contenidos de estudios tanto de Formación Profesional como universitarios deben estar orientados a la demanda del estudiante y no al interés de las empresas. Cosa distinta es que la docencia y la investigación puedan ser orientadas al mundo empresarial. Las empresas que se dediquen a la formación a lo largo de la vida profesional, pues es lo que saben hacer bien y a ser posible sin robarnos.

 

 

 

 

 

 

 

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