Sólo una universidad española entre las 200 mejores de mundo


“Sólo una universidad española entre las 200 mejores de mundo”. Éste es un titular que habrán leído o escuchado en los medios en los últimos días y que procede de la publicación de enésimo ranking de universidades publicado: el del CWUR (Center for World University Rankings).

Este ranking de procedencia saudí es otro de esos engendros creados al calor de las políticas nacionales de algunos países, que se han puesto manos a la obra para mejorar sus sistemas universitarios. Sí, es otro de esos rankings que pretenden explicarnos cuáles son las mejores universidades del mundo, casi . Por lo tanto es otro de esos rankings inútiles que sólo sirven de divertimento a políticos, periodistas o para rectores que necesiten rellenar un discurso institucional.

El CWUR no deja de ser una copia del conocido ranking de Shanghai (ARWU), con una metodología que no dista demasiado de su primo chino y que, como pueden ver en este enlace, pondera las cosas de forma un poco particular. Como máximo exponente de este hecho encontramos que el 25% de la puntuación global y como medida de “empleabilidad”, se expresa por la “cantidad de CEOs en grandes empresas”, entendidas las grandes empresas como aquellas que están en la lista de 2000 compañías de Forbes. Que la empleabilidad de una universidad se mida de esta manera y que además su peso en el resultado final sea desproporcionado produciría bastante risa, si no fuera porque hay gente que se lo toma muy en serio. Por eso y como dije hace tiempo sobre el ranking de Shanghai, tomarse estos ranking muy en serio desprestigia más a quien lo hace que lo contrario, aunque ese no sea el famoso “consenso”.

Luego cuando dices que eres bastante crítico con los famosos rankings, te miran con cara de estar despegando. Conste que soy partidario de su existencia, pero un ranking es útil cuando expresa cosas muy concretas, con datos homologables y una metodología aceptable. Un ranking de la “mejor universidad” nunca lo es, ya que dependiendo y a quién preguntes el concepto de “mejor universidad” será uno u otro.

Pero estos rankings están ahí y se van a quedar, sobre todo para que muchos podamos utilizarlos a conveniencia. Y en España eso se traduce en la posibilidad de ejercer nuestro habitual bartrinismo, vocablo acuñado en honor al poeta catalán. Véase como ejemplo cómo titulaba esta entrada: “Sólo una universidad española entre las 200 mejores de mundo”. Ese es el titular que vemos en las noticias y en este mundo actual donde todo el pensamiento cabe en un tuit, un titular de prensa o 20 segundos de televisión, con eso nos quedaremos para la posteridad. En cambio vamos al cuerpo de los artículos y descubrimos que en su conjunto, el sistema universitario español sería el 8° mejor del mundo. Seguramente sea casual que los titulares siempre los acaparen comentarios negativos sobre universidades. Sospecho que si mañana un diario titula “España tiene el octavo mejor sistema universitario del mundo”, el periodista en cuestión tendría la calle para correr y los cantos para tropezar.

Así que ante el titular estándar se desata el orgasmo generalizado entre aquellos que se pasan el tiempo reformando nuestras universidades, transitando por los lugares comunes de la “endogamia”, los “funcionarios”, la “facultad en cada pueblo”, la “gobernanza” e incluso la financiación. Digo “incluso”, porque a pesar de meterlo en los lugares comunes, como ya comentaba cuando algún politólogo se pasó de listo, el hecho diferencial de España no es que alguien trabaje en la institución donde se doctoró, que tenga una relación estatutaria o que al rector le voten, sino que los recursos son bastante insuficientes.

Para hacernos una idea de cuán diferencial es este hecho, podemos comparar los recursos de la universidad española mejor clasificada, la Universidad de Barcelona (122), con aquellas que le anteceden y preceden (Georgetown e Indiana Bloomington). Es divertido imaginar que si te presentas diciendo que saliste de Georgetown o Indiana te mirarán como si fueras la pera limonera, pero si dices que saliste de la Universidad de Barcelona pensarán que eres la querida de la prima de la cuñada de algún profesor titular. Aunque como se deduce de los famosos rankings, son instituciones equivalentes en calidad.

Una leve mirada a los presupuestos te muestra la comparativa. La UB aprobó en 2015 un presupuesto de 367 millones de euros, Georgetown se mueve en los 1.500 millones de dólares e Indiana está en los 1.900 millones de dólares (algo más que toda Madrid, Andalucía o Cataluña). Mirar a las primeras universidades de cada Estado te confirma el panorama. Oxford y Cambridge rondan los 5.000 millones de libras, la ETH de Zurich ronda los 1.500 millones de francos, Toronto 2.100 millones de dólares, Melbourne 1.800 millones australianos, la Rey Abdullah 20.000 millones de $, Copenhague ronda los 1.000 millones de $, Osaka o Kyoto superan los 2.000 millones de $, la Nacional de Singapur 1.800 millones… Por poner un ejemplo la Complutense son poco más de 500 millones de euros (600 cuando eran ricos) para más de 75.000 estudiantes y 6.000 profesores, Harvard más de 35.000 millones de dólares para 4.700 profesores y 21.000 alumnos. Hay que irse a universidades muy concretas asiáticas o centroeuropeas para ver resultados en rankings por inversión mejores que las españolas, que casualmente tampoco salen muy bien paradas en este ranking (coreanas, alemanas, Écoles franceses…). Universidades que suelen tener pocos estudiantes y bastante profesorado e investigadores en proporción.

Es más, como habíamos visto España es el octavo país que más instituciones metía en este ranking. Pues bien, según el Education at Glance 2015, el gasto público en nivel terciario en España (2012) era del 1% del PIB, cuando la media de la OCDE es del 1,3%. Así que como diría aquel: no reírse de la universidad española, por favor.

Volviendo a lo anterior, la financiación es otro de esos lugares comunes y no sólo echando dinero al caldero mágicamente los resultados mejorarían. Igualmente nadie puede negar que a nivel de contratación, evaluación o gobierno las universidades españolas tienen margen de mejora. Pero si lo miras bien, observando las premisas y circunstancias del sistema universitario español, es algo mejor de lo que algunos nos quieren vender. Podemos quedarnos con que tenemos pocas universidades entre las 200 primeras, que somos la octava potencia mundial o con las dos cosas que sería lo normal.

Pero en realidad la pregunta fundamental que debemos hacernos es ¿qué tipo de sistema universitario queremos? Respondida esa pregunta podremos empezar a plantearnos las respuestas. El sistema español se diseñó como respuesta al problema educativo que arrastraba nuestro país durante el régimen anterior, con una gran falta de titulados superiores. Por ello se creó un sistema capaz de educar a la población, con cierta independencia de su clase social o económica. Si queremos caminar hacia una universidad más orientada a la investigación será una decisión perfectamente aceptable, pero no olvidando que esto puede traer inconvenientes como el empeoramiento del nivel educativo general y por supuesto que esto no sale gratis.

Asunto que no puede basarse en rankings genéricos para ver quién la tiene más larga, con parámetros bastante discutibles y que benefician sobremanera a universidades tremendamente grandes y tremendamente caras. De hecho todos sabemos que Ana Patricia Botín dirige el Banco Santander (primera empresa española en Forbes 2000) porque estudió en Harvard, ¿verdad? Deberíamos crear nuestras propias métricas que nos lleven a conocer si cumplimos nuestros objetivos, más allá de rankings chinos, saudíes o de multinacionales que luego te venderán sus productos, los cuales indexan mucho pero explican poco.

Y sobre todo es importante dejarnos de bartrinismo y de simplezas periodísticas (financiadas por las empresas que luego nos aconsejan reformas en los sistemas universitarios). Sí, sólo tenemos una universidad entre las 200 mejores del mundo según el CWUR. Pero también tenemos el octavo mejor sistema del mundo.

 

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