¿Y si hacemos elecciones y nos dejamos ya de hostias?


Es muy tentador escribir “cosas” sobre la situación política en nuestro país durante el último mes, pero como la situación parece tan cambiante a uno le da la sensación de que cualquier opinión se queda antigua en 48 horas, ni creo que vaya a aportar nada novedoso o concreto al debate. En realidad admiro la capacidad de los opinantes por buscar complicados escenarios y motivaciones para explicar las negociaciones de investidura de nuestro futuro presidente de Gobierno.

Ya desde el resultado electoral del 20D parecía que estábamos abocados a una nueva cita electoral y el tiempo parece ir dándole la razón a esta opinión. De hecho a mí me parecería lo más razonable y eso lo explicaré luego. Por supuesto se puede dar un desenlace distinto, pero para que esto ocurra alguien debería suicidarse y esto a corto plazo no parece un escenario plausible. Si yo hoy tuviera que jugarme dinero lo haría por otra convocatoria de elecciones, porque quiero y porque lo veo probable. Por eso llevo 3 años sin jugar lotería de navidad.

En realidad no tengo ninguna prisa por tener presidente, si nos hemos pasado 4 años gobernados por un señor que no hace nada, no sé qué prisas tenéis por cambiarlo. Así nos aseguramos de que no pueda hacer más daño. Por suerte o por desgracia los estados modernos están lo suficientemente “burocratizados” como para no necesitar la acción de los políticos. Los hospitales abren, los abuelos cobran sus pensiones y los jueces mandan a prisión a titiriteros en tiempo récord. Por mi parte nuestros representantes pueden pasarse el resto de sus vidas discutiendo sobre el aborto de la gallina.

Más allá de los análisis de nuestros más ilustres tertulianos, en mi opinión todo este asunto de la investidura gira en torno a los dos enfrentamientos en los que están enzarzados sus protagonistas: Rajoy contra Sánchez e Iglesias contra Rivera.

En el caso de Rajoy y Sánchez a su enfrentamiento le pasa un poco como a Los Inmortales: sólo puede quedar uno. El cadáver de quien no salga presidente de Gobierno sería lanzado al río y cada uno con sus circunstancias no se pueden permitir el fracaso. Esta situación explica su actuación, así como la de sus compañeros de partido que buscan aprovecharse o evitar las consecuencias de la defunción de su líder. Para unos partidos que llevan 25 años en el poder esto es sólo cuestión de mantenerlo, bien a nivel de partido o bien a nivel institucional.

Así pues Rajoy ha decidido hacer lo que mejor sabe hacer: nada. Nunca nadie llegó tan alto sin hacer nada. Sabe perfectamente que si no sale presidente, Aznar le manda a Santa Pola y no sabemos a quién daría el mando, pues estamos acostumbrados a que el líder conservador sea ungido por El Dedo Divino. Que casi ningún partido quiera saber nada de él tampoco es extraño, aparte de que en el PP siempre fueron especialistas en no congeniar con nadie, a cualquier partido que provenga de una mayoría absoluta le pasará lo mismo. No necesitabas a nadie y nadie te ha dado la razón porque no te hacían falta, así que cuando pierdas esa mayoría te van a devolver todas las ostias. Y como Pedro está en una situación similar a la de Mariano, éste último conforme a sus costumbres intentará sobrevivir gracias al fracaso ajeno.

A Pedro le pasa un poco lo mismo, que su fracaso sería el triunfo de Susana y supondría la toma del poder, no por parte de La Casta sino de La Caspa. La diferencia es que Pedro no puede sentarse a fumar Cohibas porque tiene cercana su re-elección como Secretario General, así que necesita precipitar los acontecimientos. Si le sale bien se salva y si le sale mal igual tiene suerte y bola extra en los próximos comicios. Así que mientras Rajoy y Sánchez dirijan sus respectivos partidos no esperen que uno permita la investidura del otro. Quien esté pensando que ahora Mariano va a abstenerse para que Sánchez sea presidente tiene mucha imaginación, a menos que se las vea tan “moradas” que no le quede otro remedio. Y eso también es mucho imaginar porque el otro enfrentamiento lo hace poco posible.

El otro enfrentamiento es el Iglesias-Rivera, es igualmente excluyente pero por motivos distintos. Pablo y Albert no tienen problemas de liderazgo en sus respectivos, pueden pasarse la legislatura en la oposición troleando lo que sea preciso. Pero al mismo tiempo es imposible que uno le facilite la vida al contrario. Que sus líderes hayan evitado “ahostiarse” en público no esconde que sus militantes y simpatizantes se tengan un odio visceral contrastable en cuanto enchufes el ordenador.

Ciudadanos es un partido que nació sin más interés y objetivo que enfrentarse al nacionalismo catalán, recogiendo el descontento de determinados votantes con los partidos tradicionales que se vendían a los “separatas”. Tras ver el éxito de Podemos se decidieron a repetir jugada a nivel nacional aprovechando el espacio disponible, recogiendo toda la basura que hubiera por ahí, todo ello con el beneplácito de los “poderes fácticos fácilmente reconocibles“. Entre toda aquella “basura” los miembros más destacados eran aquellos que antes de entrar en política, a pesar de haberlo negado durante años, ya apuntaban maneras.

Podemos es un partido que igualmente apareció para ocupar un espacio disponible entre el electorado y para ello fueron recogiendo a los damnificados por el Huracán PCE. No eran ni de izquierdas ni de derechas como los Ciudadanos, aunque fueran más sospechosos que el Torete con una palanca. Por mucho que el errejonismo intentara dulcificar el discurso, para un partido de perroflautas iba va a ser complicado aceptarar por acción u omisión a los chicos del IBEX-35.

Por eso Albert no quiere ni ver a Pablo, que además ha estado coqueteando con lo más satánico para él que son los independentistas, ni Pablo quiere ver en pintura a Albert. Cualquier posibilidad de gobierno pasa por la derrota de alguno de estos contendientes y ninguno tiene ganas.

Aún así tenemos a todo el mundo clamando por el consenso, el debate, la negociación, una nueva transición, un pacto de Estado y todo tipo de frases vacías que no llevan a ningún sitio pero que te dejan como una persona racional. No sabemos muy bien si el consenso consiste en subir o bajar impuestos, no sabemos más allá del populismo de unos y otros qué fiscalidad y prestaciones tendrían los autónomos. Ni sabemos exactamente qué pasaría con las pensiones. Se puede salir feliz y abrazado con el PNV, mientras se hace imprescindible hablar con quienes derogarían el cupo vasco. Se puede hacer creer a la gente que quitando a Rajoy y poniéndo a Bárcenas, Barberá o Granados se puede acabar con la corrupción porque no está demostrado que la corrupción en el PP sea generalizada. Puedes salir tranquilamente a pedir la vicepresidencia y 5 o 6 ministerios para no se sabe muy bien el qué, cabreando mucho a Isidoro… y a sí con todo.

Es muy complicado que existan diálogos o consensos entre grupos que se han pasado los últimos meses atizándose de lo lindo, con programas opuestos y en algunos casos con líderes jugándose el gaznate. Por eso lo más razonable, a mi modo de ver, sería que fuéramos a unas nuevas elecciones, sin el barniz de gilipollez pre y post electoral vivido estos meses.

Al contrario de lo que os dicen las encuestas, puede que los resultados difieran del 20D porque Campo Vidal le podría soltar un sopapo al primero que dijera “salimos a ganar” o “gobernar en solitario”. Sé que soy muy optimista en ese escenario, si viviéramos en un país medio normal esta segunda vuelta traería nuevas alianzas y todos dejarían más o menos claros sus preferencias tras las elecciones. Pero esto es España y aquí daría tiempo a fundar 2 o 3 partidos más de izquierdas.

Mi opinión por lo tanto es que lo deseable sería ir a elecciones lo antes posible, y posible es que la mayoría de los actores políticos piensen lo mismo. Ni Rajoy se va a dejar vencer por Sánchez, ni Rivera le va a dar ministerios a Iglesias que además debe lidiar con sus confluencias. Si a esto le sumas a una IU que lleva refundándose desde tiempos del Deuteronomio o al comando silvestre catalán haciéndole calvos a la Guardia Civil… Vamos, que estamos esperando unos pactos de lo más normales.

¿Y si hacemos elecciones y nos dejamos ya de Hostias?

 

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7 respuestas a ¿Y si hacemos elecciones y nos dejamos ya de hostias?

  1. Juan Bautista dijo:

    Bueno, los resultados nunca van a ser los mismos porque es materialmente imposible que el cuerpo electoral sea el mismo. Entre diciembre de 2015 y la futura fecha electoral, habrán fallecido (por causas naturales o no) unos cuantos miles de votantes. Otros varios miles que sí pudieron votar en su momento, tendrán algún tipo de impedimento para las próximas. Un porcentaje no desdeñable de abstencionistas se lo pensará mejor y decidirá votar para tratar de conseguir un resultado más acorde con sus esperanzas, y otro porcentaje de votantes se sentirá frustrado y decidirá que su voto no tiene valor alguno y en esta ocasión pasará de ir a votar. Por último, y por una simple cuestión de paso del tiempo, habrá unos cuantos miles de españoles que en 20 de diciembre no tenían todavía 18 años y que para la fecha de las elecciones sí. Así que, pase el tiempo que pase, los resultados como mucho serán parecidos, pero nunca serán los mismos.

  2. Juan Bautista dijo:

    Por cierto, ¿y si nos dejamos de HOSTIAS y dejamos de hablar del antiguo puerto de Roma?

  3. RBG dijo:

    Y si no hacemos elecciones y seguimos así, tan ricamente con un gobierno sin capacidad legislativa ni política, lo cual asegura menos riesgo de daños?
    Si hay algo grave o urgente, las cortes pueden tomar cartas en el asunto, ¿no?. De hecho, podrían estar legislando ya si quisieran

  4. Borja Astiz dijo:

    juas!
    Me lo he pasado t-eta !
    Gracias.

  5. Pingback: El pacto entre posturas | No me jodas que me incomodas

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