Así no se puede, tíos


El “descubrimiento” de que los europarlamentarios tienen sus fondos de pensiones en instrumentos de inversión colectiva radicados en un paraíso fiscal, días después de que en España se haya aprobado esto que llaman “reforma fiscal”, quizá sea la manifestación más palpable de la inutilidad de la reforma. Nos hemos pasado más de un año discutiendo sobre lo obligado de revisar nuestro marco fiscal. Incluso convocamos uno de esos supuestos “comités de sabios” presidido por el mismo inútil que parió el ineficiente sistema actual. Pasan meses “reflexionando” desde la publicación del informe ¿y qué tenemos? Pues permítanme la expresión: una mierda.

Como casi siempre el asunto de la fiscalidad se ha planteado desde un punto de vista egoísta y partidista. Parece que el centro del debate consiste en saber si me han bajado o subido los impuestos o si éstos han quedado por encima o debajo del nivel que dejó el Gobierno anterior. Mucho más en un momento como el actual, lo primero y razonable a la hora de abordar el debate fiscal es plantearnos qué estado del bienestar queremos, qué estructura del Estado necesitamos, etc. Una vez zanjado ese debate se puede estimar cuánto dinero cuesta y así poder establecer la política fiscal consecuente, siempre guiándose por unos principios comúnmente aceptados.

Como decía, esto de que los europarlamentarios metan su dinero en Luxemburgo es chanante. Ni en Bélgica, ni en el Estado de origen del europarlamentario, el fondo estaba en Luxemburgo. Casi nadie niega, no sólo que la evasión es intolerable desde el punto de vista fiscal, sino también desde el punto de vista moral. Así nos encontraremos con nuestros representantes políticos dándose golpes en el pecho y hablando de la importancia de luchar contra el fraude y la evasión fiscal, para luego utilizar y permitir la existencia de todo tipo de paraísos fiscales en toda Europa. El mayor logro de la UE ha sido el de conseguir que los ciudadanos puedan evadir sus obligaciones fiscales en Holanda, Irlanda, Luxemburgo o en el principal receptor de dinero negro de la UE que es Reino Unido a través de sus colonias. Incluso España es un paraíso fiscal.

Sí, España es de facto otro paraíso fiscal. Lo demuestra que la mayoría de la recaudación recaiga en las familias, un país donde los que tienen dinero utilizan sociedades patrimoniales, SICAVs llenas de mariachis o ETVE para eludir impuestos, donde las empresas pueden deducirse todo tipo de gastos al contrario que los ciudadanos, donde adoramos a quien fija su sede en Delaware. Ese sitio donde las organizaciones sin ánimo de lucro pueden servir para defraudar y se les perdona sobre todo si es para comprar la deuda pública, Aquí, donde a los billetes de 500 euros les llamábamos Bin Laden y que si te pillan negocias la multa, con lo que casi nadie está en prisión por fraude fiscal en este país donde a la gente le toca mucho la lotería. Un país donde a los inspectores de Hacienda se les permite irse de excedencia para ayudar a los evasores fiscales, mientras con los efectivos existentes un inspector tendría que ser capaz auditar las cuentas de una gran empresa al día para ser eficaz. La lista es interminable pero, ¿qué aborda la reforma fiscal de Montoro & Co. sobre fraude fiscal? Publicar una lista de gente que le debe dinero a Hacienda. Así que ni lucha contra el fraude, ni suficiencia financiera para el Estado, ni progresividad en el pago de impuestos. Lo dicho, una mierda.

Mientras tanto nuestros europarlamentarios van afrontando el marrón a su manera. Algunos eran críticos con las SICAVs, les pillan y dimiten. Otros dicen que no les hacen gracia y luego patalean cuando tienen que dar explicaciones. Hace días nuestro nuevo eurodiputado, “el coletas”, afirmaba que la evasión fiscal se la cepilla en una semana. Le calificaron de nuevo como demagogo e ignorante, aparte de por patinar sobre la tributación de Inditex, porque se supone que es imposible hacerlo en una semana. Nada más lejos de la realidad, si se quiere no se hace en una semana, se hace en dos o tres días. Dos o tres días que dura una cumbre del G-20, del ECOFIN o un Consejo de Ministros. Claro que si no se quiere, por supuesto ni en dos días, ni en una semana, ni en toda una vida. Pablo Iglesias tiene toda la razón, el problema se puede terminar en una semana legislando. Y viendo la enésima reforma fiscal o cómo manejan sus fondos las autoridades europeas, está claro quiénes son los peligrosos “populistas”. Así no se puede.

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