No es cultura, es entretenimiento


iva

El PP sigue trabajando para revalidar su Triple Corona. La táctica va a ser la de achacar todo lo bueno a la supuesta recuperación económica y lo malo a la herencia socialista. Un ejemplo es el reciente anuncio de Mariano de que “hará algo” con el mal llamado IVA cultural, justificando su subida por la incompetencia socialista. Aunque tenga mucho que ver lo político, esta entrada habla de la cultura y su famoso IVA.

Estos anuncios de Mariano forman parte de su estrategia para volver a ganar las elecciones. No en vano cuando se habla de “cultura”, también estamos hablando de medios de comunicación. Y siempre es mejor que las portadas de diarios, columnas y resúmenes de informativos sean lo más blanditos posible. El regalo se complementaría como la reciente reforma de la Ley de Propiedad Intelectual y la instauración de la tasa Google, presentando un escenario supuestamente más favorable para los grandes medios de comunicación. Esto hace por ejemplo que yo, con excepciones, ya no enlace nada hasta ver en que queda la Ley. Estoy de boicot a la AEDE. Además el sector cultural aglutina profesionales como periodistas, escritores, editores, actores… Conforma al grupo de personas que mejor escriben, hablan e interpretan. Esto les convierte posiblemente en el lobby con mayor capacidad de influencia gracias a sus habilidades y sus medios.

Pero quería hablar del mal llamado IVA cultural, pues no existe un tipo impositivo especial para este fin, sino que tradicionalmente se han aplicado tipos reducidos y el superreducido a buena parte de lo relacionado con la materia. Tampoco es correcto llamarlo así por un simple motivo y es que llamamos cultura a lo que realmente es entretenimiento. Un debate eterno es aquel que trata de discernir si es arte o cultura una película o una pintura determinada. Sean artes plásticas o escénicas, el problema es el mismo, lo que llamamos cultura no deja de ser en su mayoría un conjunto de formas de entretenimiento.

Este hecho es importante, pues permite al mundo de la cultura participar en un doble juego: denominarse como tal para recibir el dinero público y ser “industria” para cobrar el producto a precios de mercado. Así pues las industrias culturales y/o del entretenimiento tienen un lugar privilegiado respecto a otras. Muchos dirán con razón que existen otros sectores con privilegios, ahora bien no de la misma manera institucionalizada y aceptada por casi todos. Esta situación lleva a la industria del entretenimiento o cultural o como se llame dependiendo de dónde ponga el cazo, a caer en algunas contradicciones.

Un ejemplo claro es el rechazo que provoco el hecho de que sus “productos” pasaran al tipo general de IVA, el famoso 21%. Se han visto discursos y acciones de todo tipo. Y es normal que a uno no le haga gracia una subida de impuestos semejante y tenga argumentos comprensibles o convincentes al respecto. Lo que no es entendible es que el argumento más repetido sea el de que al aumentar el precio de las entradas, eso aleja al público de las salas y dificulta el acceso de los ciudadanos con menos recursos a la oferta cultural.

Alguien nos debería explicar entonces si el 10% que se embolsa la SGAE de la mayor parte de espectáculos de nuestro país, incluyendo galas benéficas, no impide el acceso a la cultura de nadie, ni encarece el producto al cliente. Un impuesto privado del que es muy complicado escapar y que se suma a otros cánones y compensaciones que se reparten libremente entre ellos. Independiente del choriceo ocurrido en la entidad de gestión, quejarse por una subida impositiva por motivos de “bien común” no es aceptable bajo estas premisas. Curioso es que el mundo de la cultura, mayoritariamente favorable y receptivo a la defensa de los servicios públicos, tengan estos reparos a la hora poner en la caja y en cambio no censuren un impuesto privado que además no se reparte de la manera más justa y equitativa entre los socios de esta entidad monopolística.

Además no es cierto que la subida del IVA en productos culturales impida su acceso a los ciudadanos sin recursos, ya que el sector público se encarga con frecuencia de facilitar ese acceso. Y como en otras cosas, la megalomanía que nos invadió durante los años de vino y rosas también llegó a la cultura. A la gran oferta ya existente se unieron todo tipo de espacios para artes escénicas y plásticas. ¿Llegaría a muchos lugares recónditos las manifestaciones culturales sólo con iniciativa privada? De hecho el mayor enemigo para la difusión cultural entre la ciudadanía es la desaparición de estos espacios públicos, pues éstos están exentos de IVA y por lo tanto la subida no impedirá a los ciudadanos visitar museos o ir a teatros de titularidad pública, salvo que un ente privado reciba directamente los beneficios de la venta de entradas. En realidad los perjudicados son los empresarios del sector cultural y otros “vividores de la cultura”, que es algo muy distinto de la mayoría de profesionales que intentan vivir de ella.
Otro de los argumentos que sustentan la critica a la fiscalidad o la reducción del gasto público a cultura es el de su carácter imprescindible para el ser humano. Esto a veces entra en conflicto con la dicotomía que mencione ente cultura y entretenimiento. De hecho los productos culturales más consumidos son en su mayoría de dudosa catalogación dentro de lo que consideramos cultura y sin duda clasificables como entretenimientos. Los culturetas y los gafapastas quizá pueden poner la línea entre ambas por su calidad. Pero el resto de los humanos y las legislaciones no somos capaces de hacerlo. Es por ello que esta fiscalidad reducida o la concesión de ayudas son para toda la disciplina, con que acaba resultado discutible que se esté financiando cultura y no entretenimiento. Mientras lo primero lo consideramos un derecho inalienable, lo segundo seguramente lo necesitamos más pero nos lo obligamos menos. Si la película más vista es una comedia como “Ocho apellidos vascos”, los libros más vendidos son novelas y artista musical que más ha vendido en España el 2013 fue Pablo Alborán, dejo a consideración del lector si un régimen fiscal reducido beneficia a la cultura y a pobres que pasan hambre en lúgubres sótanos o a las grandes empresas de la industria del entretenimiento y a las estrellas que pretenden inflar sus cachés.

Casi todo lo que se hace en nombre de la cultura, en realidad es para favorecer los intereses de los “vividores de la cultura”, ejemplo paradigmático del capitalismo cañí basado en la dependencia del BOE. Como vimos hace tiempo en nuestro país empleamos bastante dinero en financiar nuestra cultura, no sólo porque seamos un país con un impresionante patrimonio, sino también porque se tomó la decisión de aumentar ese gasto casi un 80%. El apoyo público es fundamental para que la cultura sea accesible a todos, lo cual tiene poco que ver con este tema del IVA cultural, que en realidad es el IVA a los productos de entretenimiento.

Deberíamos pensar si merecen un trato fiscal privilegiado unas personas que protegen su propiedad intelectual de tal forma, cuyo su beneficio lo disfrutan sus herederos 70 años después de muerto el autor. Si usted encuentra la fuente de energía limpia e inagotable del futuro o encuentra la cura del cáncer, es probable que no le dure la patente más de 20 o 25 años. Mientras tanto tenemos gente cobrando porque hace arreglos a obras de Mozart o Beethoven. De hecho se suele decir que las leyes sobre propiedad intelectual cambian cada vez que vencen los derechos de Disney.

No se dejen engañan, el 21% de IVA a los productos culturales afecta mayoritariamente a la industria del entretenimiento: grandes editoriales, chiringuitos audiovisuales, etc. Las expresiones artísticas seguirán existiendo pues son inherentes al ser humano desde los inicios de su existencia. Con o sin IVA general o reducido seguirá la gente cantando, actuando, esculpiendo… Cualquiera que conozca el mundo cultural viniendo de otro tipo de negocio, pronto se dará cuenta que es cierto aquello de que no se pasa más hambre que como artista. Pero al mismo tiempo también aprende que el mundillo está lleno de pedantes vanidosos, que se creen imprescindibles para la Humanidad y que creen que deben ser apoyados por designación divina. Quien quiera seguir manteniendo formas de defensa de su propiedad intelectual privativas y vender su producto a precios de mercado, no merece ni subvenciones, ni ayudas, ni IVAs reducidos. Quien quiera que la sociedad financie su pan, deberá revertir beneficios de su trabajo con la sociedad que le apoya: bien vía precio o bien vía derechos. Los que se pasan el día “defendiendo la cultura”, en realidad lo que defienden es su beneficio económico. Que cada uno elija a qué lado de la raya se pone: cultura o entretenimiento.

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2 respuestas a No es cultura, es entretenimiento

  1. Antonio dijo:

    Enhora buena por el escrito, creo que has dado en el clavo.Yo soy autonomo, ¿por que no me ayudan a mi? ¿Es realmente su trabajo más importante y fundamental para la sociedad que el mio? Yo me dedico a la alimentación, vendiendo productos ecológicos. Estoy seguro que habrá mucha gente que opine que mi trabajo es incluso más importante y debería recibir más ayudas que ellos. Al fin y al cabo hay que comer… (por cierto, mis producto los subieron del 8 al 10 y no me extrañaría que acaben en el 21 mientras que a ellos…. ya veremos). A mi no se me ocurriría pedir subvenciones ya que entiendo mi negocio es mi responsabilidad y nadie con sus impuestos debería ayudarme. Sí pido una bajada de impuestos pero como todo el mundo, ya que entiendo que eso ayudaría al consumo y nos haría salir antes de la crisis. NUNCA PEDIRIA UNA BAJADA DE IMPUESTOS SOLO PARA MI, ¿soy realmente tan especial que creo merecer un trato diferente al resto? Eso es lo que yo veo de este grupo de presión, se creen que aportan más a la sociedad que el resto y por eso exigen un trato diferencial, y la verdad, dudo mucho que ese sea el caso. Como bien dices es gente simplemente defiende SU, y solamente SU interés económico usando malas artes, y esto va directamente en contra de la sociedad, puesto que tiene que poner recursos en ellos en vez de en otras partes (como por ejemplo educación, sanidad, obra social….)

  2. Borja astiz dijo:

    Grande !

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