Creando enemigos donde no los hay


En ocasiones dudo si se dicen cosas porque así se creen o porque forman parte de alguna estrategia de manipulación. Este es el caso, por ejemplo, de nuestros apóstoles del “contrato único”. Aunque como ya hemos visto varias veces en realidad son los del “despido más barato”, utilizando todo tipo de argucias e incluso mentiras para convencernos de que no atenerse a sus propuestas es ser un mezquino. Al que tenga dudas sobre esto, le propongo el interesante ejercicio de que cada vez que se cruce con un apóstol del contrato único, dele la razón y dígale que si dejamos sólo el contrato indefinido ordinario actual… o el 45 días de hace no tanto tiempo. Verán que rápido la dualidad y la igualdad de oportunidades se aparca para hablar de “lo caro que es el despido”.

Probablemente los que estén más empeñados en retorcerlo todo para justificar sus posiciones sean los amigos de Politikon, con su constante “estudio” de la dualidad y que a veces parece ser el perfecto ejemplo del trabajo de algunos científicos sociales: buscar pruebas que justifiquen sus ideas previamente establecidas. A raíz del último post de Jorge Galindo, en el que nos diserta sobre la dualidad con el trasfondo de estudios que pretenden entender las elecciones políticas de “insiders” y “outsiders”, uno se anima a comentar la reiterada manipulación con la que estos muchachos nos deleitan a propósito de dicha dualidad. No voy a entrar en esto de a quien votan los trabajadores, más que nada porque no tiene sentido, ya que si bien los temas de índole laboral son importantes para el individuo, su orientación política está también afectada por otro tipo de valores. Esto a los que ven el ser humano casi exclusivamente como “homo economicus” les parecerá extraño. No tienen la capacidad de realizar estudios sobre todas las variables afectan, por lo que se ven obligados a hacerlo parcialmente. Lo que ocurre es que en el comportamiento humano el orden de los factores sí que altera el producto. De aquí vienen las frecuentes cagadas de economistas, sociólogos y politólogos varios.

La idea que nos pretenden inculcar nuestros amigos es la de que la “clase obrera” está dividida. Cosa que no nos supone gran novedad, como también reconocen. Nótese lo extraño que resulta leer a unos tipos que jocosamente acuñan el término “berdadera hizquierda” y van de modernillos reformistas, manejando el término “izquierda” u “obrero” a la moda del siglo XIX. Ya saben, socialismo es libertad y tal. ¿Cuál es esta división que atenaza a la clase trabajadora? Sí, han acertado: la famosa dualidad. Según estos intelectuales resulta que los trabajadores están divididos y enfrentados porque unos tienen mucha protección y otros, según ellos, poca. Este hecho lo presentan como una división de grupos antagónicos y con intereses opuestos. Pero esa supuesta fractura de la clase obrera no deja de ser igual que aquella que divide trabajadores submileuristas de los demás, de trabajadoras y trabajadores, de trabajadores industriales con trabajadores agrarios, etc. ¿Se pueden dividir a los trabajadores por estos criterios? Si. ¿Sus situaciones pueden diferenciarse? Por supuesto. Pero de ahí a inventarse que hay una lucha de clases con posiciones contrapuestas, además de falso, es una gilipollez.

La clase obrera, entendida como la masa de trabajadores asalariados y si me apuras el trabajador autónomo, no tiene la mínima conciencia de que estén divididos por esta circunstancia. Es un debate que determinados lobbies y think tanks han puesto sobre la mesa gracias a la inestimable ayuda de los medios de comunicación, que comparten interés con los apóstoles del contrato único. Aun así es un debate necesario. Pero nadie en esa clase trabajadora a la que dicen defender ha planteado nunca la precariedad laboral como un conflicto de intereses entre trabajadores, sino como un defecto legal del que se aprovecha la clase empresarial. Es lo que tiene la conciencia de clase… si existiera. Nunca hubo trabajadores temporales reprochando a los trabajadores indefinidos que sus indemnizaciones impiden su progreso. Es una falsa dicotomía pues una cosa no excluye la otra. La alta indemnización es independiente de las políticas activas/pasivas para desempleados. Ni los indefinidos dejan de pagar impuestos para financiar prestaciones y formación, pues ellos lo pueden necesitar en cualquier momento, ni los temporales dejan de anhelar un contrato indefinido y con protección de su puesto de trabajo, sobre todo ante situaciones arbitrarias. En el mundo de unicornios de la gafa pasta la carga de la prueba siempre está en el lado de eso que llaman “clase obrera”.

Es por esto que la supuesta división de la clase obrera por la dualidad no existe como tal. No existe de momento, nuestros amigo se afanan en sembrar el odio entre esa famosa “clase obrera”. Es todo un truco de manos en el cual a raíz de una verdad se acaba con una gran mentira. Crear esta división permitiría a los del contrato único salirse con la suya. Haría insostenible una discriminación en estos términos, por muy “mayoritarios” que sean los “insiders”, si esto se mostrara que se hace de manera consciente. Por ello dedican una cantidad ingente de trabajo y esfuerzo en inventarse justificaciones para su cruzada, hay que reconocerles que con mucho arte.

Como ejemplo está aquello de que los sindicatos quieren la precarización de una parte de los trabajadores porque son malvados, ya que tanto su militancia como quienes votan en elecciones sindicales son trabajadores indefinidos y quieren mantener unos privilegios. ¿Alguien en su sano juicio se imagina a Toxo y Méndez tomando cañas mientras están planeando fastidiar a los trabajadores temporales? Bueno, tomando cañas y gambas mientras miran sus Rolex igual sí. Según los FEDEA o los Politikon esto es más o menos así. A lo mejor es todo más sencillo, los sindicalistas al ser trabajadores, además de indefinidos, son acertada o equivocadamente partidarios de las indemnizaciones por despido. Y es que correlación solo significa causalidad cuando las elaboramos nosotros y la política basada en la evidencia es válidad siempre que las evidencias son las nuestras. Es verdad que la “clase obrera” está dividida. Buena parte de culpa la tiene el sindicalismo oficialista, que no tendría porqué ser frentista para ser eficaz para quienes representan. Se demuestra en su poca disposición a abrazar el “contrato único”. Como he dicho en ocasiones y los sindicatos deberían probar la idea, estoy muy a favor del contrato único, pero del tipo que les dije al principio de la entrada. Verán qué rápido los comisarios europeos, los académicos pagados por banqueros y los thinks tanks en zapatillas de estar por casa muestran su verdadero interés.

Así que no se dejen engañar, ya hemos visto por estos lares que quienes más se desgañitan contra la “dualidad”, utilizan propuestas que suponen abaratar el despido con manipulaciones como esta de enfrentar a los trabajadores haciéndoles creer que el enemigo es otro. Pero el enemigo, a poco que tires de la manta, son ellos.

despido libre13

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2 respuestas a Creando enemigos donde no los hay

  1. dani...él dijo:

    Entre ese conjunto que denominamos clase obrera hay un abanico de desigualdad mucho más elevado que entre la élite de ricachones del planeta. Por ejemplo entre un sueldo de 1000 y 2000 euros la diferencia de poder adquisitivo es abismal, en comparación a lo que permite, relativamente, acumular 10 millones o 20 en la cuenta corriente. Por este motivo, entre otros, entiendo que sea difícil el entendimiento.
    Más que contrato único, me gusta la remuneración en función de lo producido. Cuando es imperceptible lo que produce cada cual se pueden remunerar equipos de personas, donde la labor en conjunto se pueda cuantificar. Y que los conjuntos se autoorganicen y repartan el pastel sin intromisiones.

    saludos

  2. Pingback: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia | No me jodas que me incomodas

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