Don’t disturb


El famoso asunto de los asaltos a supermercados realizado por el Sindicato Andaluz de Trabajadores ha tenido gran repercusión estos días, pero además de todo lo que ha pasado y sigue pasando, este hecho nos ha mostrado de manera cristalina cómo los Estados democráticos modernos han conseguido desactivar casi todo tipo de protesta ciudadana, fuera de los procesos electorales periódicos. Si tenía alguna duda cuando en los comentarios de alguna entrada decía que buena parte de la responsabilidad de tener una clase política como la que tenemos es de nosotros mismos porque la votamos, después de este caso me reafirmo. Legalmente hoy no tenemos otra vía.

La acción del sindicato liderado por el alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, es a priori una acción bastante torpe. Que puede ser muy aplaudida por los incondicionales pero que puede ser enormemente dañina para un partido como Izquierda Unida, que está por ver si ha alcanzado su techo electoral en las encuestas. Estas cosas no ayudan, porque como se ha comprobado lo de asaltar establecimientos no está muy bien visto y es fácilmente utilizable por ciertos partidos y algunos “poderes fácticos fácilmente reconocibles” para montarse todo tipo de informaciones “churrimerinistas” con notoria intención de mezclar hasta al Manchester United porque va de rojo. Además es bastante complicado trazar una línea roja que delimite hasta dónde las acciones reivindicativas son aceptables si se salen de la estricta legislación vigente. Por ello lo lógico y lo normal es que los que asaltaron los supermercados sean castigados por su acción, exactamente igual que a las Pussy Riot les tiene que caer la del pulpo. Dicho todo esto si aquella acción era lo que pienso, que a tenor de muchas declaraciones de representantes del SAT no se entiende muy bien, creo que han hecho muy bien tomando la vía del asalto.

Y es que debo ser de las pocas personas que puedo entender críticas a Sánchez Gordillo y sus secuaces por su fondo, por la forma que ha elegido. Al contrario de casi todo el mundo que comparte el fondo pero no por la forma. Entiendo que la ideología del SAT pueda ser puesta en cuestión, que se critique el “modelo Marinaleda”, que se debata sobre renta básica o qué se hace con la comida de los establecimientos que caduca. Todo esto me parece debatible y criticable en mucha más medida que el hecho de que estos señores, previo aviso a los medios de comunicación, hagan una acción puntual y reivindicativa consistente en llevarse comida sin pagar de los supermercados para repartirla entre familias que lo necesitan. ¿Alguien piensa que el acto y el motivo de la protesta hubiera tenido la misma difusión si hubieran quedado en la puerta con pancarta? Y es que no es lo mismo “robar” que robar, nótense las diferencias entre ambos casos. Por ello tirarnos de los pelos porque estos señores del SAT puntualmente hayan entrado en un supermercado a coger comida, con luz y taquígrafos, es una muestra de cómo los Estados democráticos modernos han conseguido desactivar la protesta ciudadana. Los partidos hegemónicos y los sindicatos mayoritarios lo han entendido perfectamente. Se ha conseguido a base del viejo truco del palo y la zanahoria, con el que se consiguen resultados para la clase dirigente inmejorables. Y me reafirma en ciertas ideas que tengo desde hace tiempo.

Como ejemplo de este hecho de “pacificación de las masas” a través del “palo y la zanahoria”, uno puede observar dos ejemplos de protesta “popular” utilizada por un gran número de personas y su realidad en nuestro país: las huelgas y las manifestaciones.

La huelga es un derecho reconocido en nuestra Constitución, nada menos que en el artículo 28.2, por lo que nadie podrá decir que en España está prohibido hacer huelga… sólo que el mismo artículo constitucional nos da la pista de que “La Ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad“. Sí, esa Ley que aquellos los cuales no son muy amigos de las huelgas quieren reformar para “regular” el derecho a huelga (o sea, limitarlo) es la que consigue que las mismas sean mucho menos efectivas, dejando esto de la huelga más como un hecho político, como ocurre en las generales, o simplemente dejando que “se joda” el empresario que merecida o inmerecidamente la sufra. Así en los inicios de este blog hablaba de lo curioso que resulta el hecho de que en una huelga en el Metro de Madrid funcionara el Metro o cómo nos hemos convertido en pequeños dictadores cuando una huelga nos afecta a nosotros, o sea, cuando somos el sufrido empresario-usuario de aquel que protesta. En definitiva, tenemos derecho a huelga, siempre y cuando no molestemos. Para ello obligamos a muchos trabajadores a aquello de los servicios mínimos, que luego son declarados a posteriori ilegales en su cuantía por los Tribunales pero que no tienen consecuencias para los “delincuentes”, mientras que si haces eso que llaman “huelga salvaje” (debe ser una panda de sindicalistas con taparrabos) te pueden meter un purete de 6 millones de euros. Esto es algo así como si usted decidiera hacer huelga en la empresa donde trabaja y su propio jefe decidiera quién puede o no hacerla, a su propia discreción. Siguiendo con el ejemplo del Metro de Madrid los que lo conocen saben que unos servicios mínimos del 50% suponen que en hora punta en vez de venir un tren cada 3 minutos, lo haría cada 6 minutos. Vamos, una huelga que no molesta a nadie. Por lo tanto es cada vez más complicado que una huelga tenga efecto sobre los gobernantes, ya que bajo el argumento de las urnas toda huelga que “moleste” es declarada ilegal y como tal queda desacreditada. Y si una huelga no molesta, no es huelga. Así se da una percepción de derecho efectivo a la huelga que en realidad sólo existe entre trabajador-empresa, pero no existente contra la clase política y la Administración en sí pues los empleados públicos tienen entre sus “privilegios” el no tener derecho efectivo a la huelga. Con esto la huelga como instrumento político está legalizado a través de la convocatoria de huelgas generales, pero en la práctica es un instrumento cada vez menos efectivo mientras no afecte al “electoralismo” de los partidos. Esto ya no son los 80′s. Véase cómo el PP pasa de todo el mundo, por ejemplo los mineros cuando protestan o cualquier otro colectivo, pero hacen cagaleras de Pachín cuando los taxistas amagan con una huelga. Así que la huelga como tal en nuestros tiempos ha quedado bastante desnaturalizada. Y nos parecerá supermoderno y coherente lo de asegurar los servicios públicos, pero es algo que formaba parte de los principios sociales del Partido Nacional Fascista italiano en su creación en 1.921:

El PNF se esforzará en disciplinar las luchas de intereses entre las diversas categorías sociales y las diversas clases, y en sancionar y hacer respetar en todas partes y en todo momento la prohibición de la huelga de los servicios públicos. 

Como cuando hablaba del franquismo en la legislación laboral, a veces los que más hablan de fascismo son los que más se le quieren parecer. No esperen conseguir grandes réditos en la actualidad con huelgas que nos sean “salvajes”.

Respecto a la manifestación ocurre algo parecido y existe una política de palo y zanahoria, que consigue dar la percepción a la población de que puede protestar y que eso le puede servir de algo. ¿Usted tiene derecho a manifestarse en España? Pues sí, puede usted salir a protestar a la calle cuando quiera, que para algo lo dice el artículo 21 de la Constitución Española. Pero eso sí: tiene que solicitarlo a la Autoridad diciendo por dónde va, a qué hora, el objeto… y todo lo que dice la Ley Orgánica correspondiente. Vamos, que usted puede manifestarse si quiere, pero deberá ir por donde le deje la Delegación del Gobierno, diciendo lo que le deje la Delegación del Gobierno y tenga usted cuidado de no pasarse mucho de la hora que le dijo a la Delegación del Gobierno que vienen los antidisturbios y te canean, aunque no estés cometiendo acto violento alguno como hemos visto “cienes y cienes” de veces. Así que la manera de manifestarnos, por ejemplo contra el Gobierno, es bastante pintoresca si nos la tiene que autorizar el propio Gobierno. Así la manifestación en España queda reducida a un acto de folclore, donde muchos o pocos ciudadanos salen a la calle con cartelitos cantando canciones como si se hubiera ganado la Champions League y a última hora algún descerebrado hace una tontería o simplemente por nada la Policía desaloja a ostias el lugar. Cuando he dicho lo de cantar como si fuera una celebración futbolística es para que reflexionen si es muy diferente una manifestación “legal” en la actualidad a la celebración de un título deportivo por parte de los aficionados de un club de fútbol. Además siempre queda el “rodillo de las urnas” para deslegitimar cualquier manifestación. Sólo hay que ver a Mariano y sus mariachis reiterando que los españoles le dieron un mandato para cuatro años, aunque cada día más los españoles no queramos que siga haciéndolo. Así que ya nos podemos pasar los días cantando lemas jocosos por donde nos diga la Delegación del Gobierno, que a nuestros gobernantes en general y en este momento más se la va a soplar cualquier protesta “legal”. Cabe recordar que la norma general es que las manifestaciones más masivas en nuestro país en los últimos años no conseguido muchos cambios: A Miguel Ángel Blanco lo mataron y ETA no cambió, los fanáticos islamistas volverán a poner bombas en trenes si nos descuidamos, Aznar no retiró las tropa de Irak, Zapatero legalizó el matrimonio homosexual y los éxitos del 15-M se diluyeron el 22-M. Por lo tanto no sé muy bien por ejemplo que si los funcionarios del Ministerio de Hacienda y A.A.P.P. entraran a buscar a Montoro y le hincharan la cara a ostias tendrían más éxito en sus reivindicaciones. Pero lo que sí sé es que ponerse camisetas negras y tocar el pito no le servirá para que les devuelvan la paga extra. Sería más efectivo que los empleados públicos pusieran la COPE como los taxistas, sobre todo los vascos y gallegos que el año que viene tienen elecciones. Total, tenemos un Gobierno que no hizo Presupuestos Generales para no perder votos en Andalucía y Asturias aunque costara la ruina al país y que se ha rendido con los taxistas sin luchar. Las “manifas” pueden suponer una muestra de fuerza en algunas situaciones. Pero hoy en día con nuestros presidentes más preocupados por que no quiebre el país ya podéis rodear el Congreso el 25-S que los guardias os van a dar de palos con la aprobación de la mayoría de la población. Ya se encargan previamente los medios de acojonaros por si se os ocurre aparecer por si acaso.

Por todo esto y por mucho más, sinceramente, no he acudido ni acudiré a ninguna manifestación. Y desde que trabajo donde trabajo tampoco hago huelgas, porque si me atengo a la legalidad me parecen inútiles y si me la salto la mayoría de la gente me va a dar de gorrazos porque supuestamente “el fin no justifica los medios”, aunque se nos olvide en quién se fijaba Maquiavelo para dar sus consejos políticos ;-) . Cuando hace un par de años resucité al Kojo Manteka me preguntaba cómo los jóvenes no estaban “liándola parda”, no tuve en cuenta también este asunto de cómo las democracias actuales han conseguido “amansar fieras” de manera tan efectiva. Por lo tanto no se preocupen, que si el Gobierno hubiera quitado los famosos 426 euros no hubieran “ardido las calles” como algunos vaticinaban, sólo saldrían unos cuantos a cantar chascarrillos.

No molesten.

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9 respuestas a Don’t disturb

  1. Vaya petardo de entrada.

  2. Este post me ha recordado otro que escribí hace un par de años sobre la huelga del Metro. Y qué mal rollo me ha dado releer algunas cosas de las que se debatieron en los comentarios…

    • Pedro dijo:

      Algunos tuvimos esa misma percepción. Aquellos tiempos fueron muestra de cómo funcionamos socialmente en estos tiempos. El madrileño medio, en vez de entender que se habían saltado los mínimos porque eran abusivos, se ponía flamenco apelando a su derecho constitucional… a ir a trabajar en Metro, cuando en Madrid no existe parada de Metro sin otra alternativa de transporte público. En los comentarios de tu entrada leo aquello también tan gracioso de que “me abran los tornos”. ¿Le interesaba a ellos la reivindicación o fastidiar a la empresa Metro? No, lo que querían era viajar sin pagar. Pues sí, este país no tiene mucha solución.

      Saludos.

  3. Dudoso dijo:

    El caso es que la comida no la aceptaron en la ONG a la que la llevaron y acabaron dandola a un grupo de okupas.

    ¿Habeis visto los presupuestos del pueblo? Lo que chupan de la comunidad andaluza es una buena cantidad y cuando se acaben las ayudas a ver lo que hacen. Y el PER lo están percibiendo una cantidad mínima de los del pueblo. Anda que vaya Gordillo….

  4. jorge.hoya dijo:

    Llevo una temporada leyendote y compartiendo bastante de tus opiniones pero en el post de hoy me quedo a medias. Si bien estoy de acuerdo en mucho de lo que dices, sobre todo en lo de “la pacificación de las masas”, hecho en falta un ejercicio final de propuestas: ¿qué alternativas tenemos a la huelga y manifestación?

    A modo personal, e hipotéticamente hablando, ¿tú como reaccionarías si el Gobierno mañana elabora otro decreto ley, que tan de moda están, y te reducen el sueldo un 45%? Ya que no crees en la huelga ni en las manifestaciones, ¿qué te queda?

    Ya sabemos como cada ‘lado’ intenta manejar los números después de cada huelga o manifestación, que la ley que fija las condiciones mínimas da miedo pero … ¿por dónde empezamos a cambiar las cosas? ¿Tiramos primero por cambiar la ley electoral y así cambiar algo a nuestra clase política? Por el contrario. ¿nos merece más la pena meterle mano a las leyes que restringen el derecho a la huelga para hacerlas más “salvajes”? ¿Será mejor encauzar a los bancos y limitar el poder efectivo que tienen en nuestra sociedad? …. O mejor nos quedamos quietos, lamentándonos, que es donde parece que estamos a ver si con suerte dejan de darnos más palos.

    Un saludo

    • Pedro dijo:

      En primer lugar gracias por el comentario y por la atención que prestas al blog. Espero que en muchas ocasionas no compartas mi opinión, pues sería muy aburrido que siempre estuviéramos de acuerdo. Dicho esto tengo que aclarar que no estoy denostando a la huelga o a la manifestación por sí mismas, sino que planteo con el fondo del asunto de los supermercados la utilidad de las mismas y que con la regulación de la protesta los Estados desactivan las maneras de protestar. Por eso no critico al SAT por entrar a un supermercado a coger comida previa llamada a los medios para que les graben, nadie les hubieran hecho caso si se hubieran quedado en la puerta.

      Dentro de la hipótesis que planteas y bajo cómo yo lo veo, si mañana el Gobierno reduce mi sueldo un 45% tengo dos opciones: la próxima vez no votar al Gobierno/volver a no votarlo/amenazarlo con no hacerlo o simplemente derrocarlo. Esto último es obvio que nadie lo quiere por norma y se nos sale un poco de los cauces democráticos que todos deseamos. Por lo que el derecho al pataleo siempre te quedará, pero eso no quiere decir que ejercerlo vaya a ser muy efectivo. Lo más probable es que no te hagan ni caso.

      Cambiar las cosas nunca es sencillo, además cuanto más grande es el colectivo más intereses contrapuestos existen. Pero por ello creo que igual que creía en que para cambiar la clase política lo que hay que hacer es no votarla, para cambiar algo como la Ley Electoral hay que votar o incluso participar en partidos que propongan esa modificación. También podemos protestar, una manifestación puede en un momento dado ofrecer una muestra de “fuerza” pero es mucho menos efectiva que la vía de la urna.

      Es obvio que no se puede uno quedarse quieto lamentándose de los palos que recibe, que correr gritando con las manos en alto diciendo que no te den más palos al que conscientemente sabe que te está dando palos. Es mucho más efectivo o quitarle el palo al que te los da o coger un palo y devolvérselos. Por eso a mi modo de ver que a los españoles nos parezca mal el hecho del asalto al supermercado en sí al mismo tiempo que aprobamos el fondo de su reivindicación me parece una muestra de cómo se ha pacificado a la masa.

      Saludos y gracias de nuevo.

      • ogry dijo:

        A mí me parece una muestra de cómo se ha pacificado a la masa el que pensemos que cualquier reforma debe ser encauzada por medio de los partidos políticos. Creo que cualquiera se daría cuenta de que éste es el principio básico de la partitocracia, base del engañoso estado democrático al que nos constriñe la constitución de la pasada transición.

        Para salir del engaño, hay que romper con la idea de que los partidos sean el cauce único y las elecciones generales la única forma de expresión. Eso estaba bien para los ’70, en los que los partidos garantizaban la pluralidad (falsa bandera de la objetividad) y las elecciones eran la forma de canalizar los deseos de un pueblo aún ignorante de la connivencia de las élites tradicionales con los líderes políticos. Pero en estos tiempos, y a medida que crece la conciencia de la importancia de la participación ciudadana en la política, de la transparencia en todos los ámbitos, se han convertido en una mordaza para la libertad y un freno para la aplicación de las mejores de ideas. Y si el marco legal (la constitución) no lo permite, hay que buscar otro. Por lo menos, es un proceso legal y hasta constitucional, que si no, tendríamos que ir a una revolución o a una guerra civil.

        “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño.”
        Corintios 13,11

  5. Curiosamente, la misma reflexión a grandes rasgos que hice yo en vísperas de la Huelga General:
    http://torulethemall.wordpress.com/2012/02/14/huelga-inutil/

    Aunque yo sigo yendo a todas las manifestaciones que puedo, y participando en las huelgas: no concibo el quedarme en casa mientras alguien se toma la molestia de protestar. Y al menos, mientras no seamos capaces de utilizar otras formas más efectivas de protesta, ésta es la que nos queda.

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