Productividad en lo público con un caso real


En estos tiempos de crisis estamos todos los días mirando la peseta para ver de si recortamos por aquí o apretamos por allá. Uno de los temas recurrentes es el de la productividad en el sector público, asunto que cuando sale a la palestra suele tener más demagogia e imbecibilidades que certezas. El caso es que como he apuntado otras veces en mis textos, que los trabajadores menos productivos de Europa le pidan a sus empleados, los públicos, un comportamiento ejemplar es algo bastante divertido. Pero de esto no va la entrada. El caso es que siempre que sale el tema, la gente saca a relucir mediciones de productividad o sistemas de evaluación, cuando ni siquiera los supuestamente más expertos en la materia tengan muy clara la manera de hacerlo. Fuera de ciertos sectores muy determinados la medición de la productividad con parámetros de transparencia es casi imposible. Pero siempre habrá uno que diga “funcionario vago a la calle“, mostrando cierta simpleza mental y zangando asunto tan complejo, así nos va. Pero hay cosas que son de lo más coherente, no hace falta inventarse nada con el riesgo de descojonar la función pública y que es bastante eficaz. Por ejemplo, hacer lo que ya se supone que se debe de hacer. Uno que es visionario e innovador. El caso real con el que quiero ilustrarlo está relacionado con la huelga en el sector de la enseñanza convocada para hoy. Si me permiten el off-topic me parece genial que los sindicatos convoquen otra huelga más, que para eso están: para protestar y hacer huelgas. Otra cosa es que hayan entendido que el resto del mundo civilizado tiene otras cosas que hacer y otras prioridades que secundarlas. Más aún si se convoca una cada uno o dos meses. El caso es que como comentaba al inicio de mi loca propuesta para el nuevo sindicalismo, las huelgas son para ganarlas. Y ni esta ni las próximas se ganarán, al menos de esta manera. Porque tenemos un gobierno presidido por un insustancial con barba que tiene problemas de dicción y que su acción de gobierno se reduce a hacer lo que tiene que hacer y a hacer las cosas como Dios manda. Así que ya puedes hacer las huelgas que quieras o declarar lo mismo que aquel mítico entrenador del Leganés, Luis Ángel Duque:

“Si los resultados no llegan, ¿qué queréis que haga? ¿Que me queme a lo bonzo? ¿O que me pegue un tiro en la polla?”

El Sr. Rajoy va a seguir haciendo lo que dice que tiene que hacer y además como Dios manda, que es recortar, recortar y recortar. Ya te puedes quemar a lo bonzo o dispararte en la polla. Así que la huelga puede estar muy bien, pero lo más que vas a conseguir es certificar lo que el cenutrio de Wert ya sabía, que estás en contra de sus medidas. Lo más que conseguirás es un descuento de tu sueldo, que le vendrá mejor al Gobierno para cuadrar las cuentas que a tí para conseguir un cambio de opinión. O quizás eso del descuento en el sueldo no sea tan así.

Pues el caso es que en cierta universidad pública madrileña su gerente ha tenido la feliz idea de comunicar a sus trabajadores que si van a secundar la huelga, les tiene que rellenar un formulario electrónico muy chulo donde le comunicas tu intención de hacer huelga. Todo por un mero celo estadístico, según el susodicho gerente. Pero a nadie se le escapa el hecho de que realmente lo que desea es poder tener a las personas localizadas y poder descontarles el día de huelga. Por supuesto al minuto siguiente los representantes sindicales saltaron a la yugular aludiendo con toda la razón del mundo que nadie puede obligarte a comunicar que secundarás una huelga, mayormente porque es ilegal.

¿Y qué tiene que ver esto con la productividad en el sector público? Pues a raíz del caso comentado a muchos se le habrán planteado algunas cuestiones: ¿es que esta gente no ficha o existe otro tipo de control presencial? Si la respuesta fuera que no, la circunstancia se podría entender mientras que sería bastante irritante para el Sr. Contribuyente saber que no se controla la presencia de estos trabajadores. Pero el problema es que sí existen controles de presencia, mayores que los existentes en el 90% de empresas de este país, por cierto… o eso parece.

La siguiente cuestión que a uno le asaltaría sería que si existe un reloj para fichar, el control del seguimiento de la huelga sería de lo más sencillo. El problema es por una parte que cierto sector de la comunidad universitaria no usa el mismo tipo de control, por eso sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena. El PDI no está sujeto al mismo control que el PAS de la universidad. Esto produce el maravilloso hecho de que en las huelgas nunca se descuente el día a los trabajadores. Sí amigo contribuyente, ahora sí que puede usted enfadarse con cierta razón. Por lo que se muestra dónde están realmente muchos de los males que afectan a la productividad en el sector público: las pocas ganas de hacer de sus más altos cargos. Que se prefiera caer en una manifiesta ilegalidad antes que hacer lo que sería normal, controlar un mínimo la presencia de los trabajadores ese día. Y no consiste tampoco en ponerse en plan prusiano y no pasar ni una, consiste en hacer cosas de lo más normales.

Esto es lo que hay, esto no va de llenar las Administraciones de relojeros tayloristas. Hay que ser medio normal y hacer las cosas de manera medio coherente. Como ejemplo, ¿alguien sabría decirme qué ha ocurrido finalmente exactamente con esto? Pues eso, que se puede mandar a tomar por saco tranquilamente a los estajanovistas del sector público mientras puede reconocer también con tranquilidad el hecho de hay cosas que no son este mundo.

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5 respuestas a Productividad en lo público con un caso real

  1. José Luis dijo:

    Ya sabes que no estoy de acuerdo en la parte de la huelga. Creo que estas cosas sirven para un par de cosas:
    1. Para que los responsables políticos sepan qué opina la gente directamente afectada (no tengo tan clara tu afirmación sobre que el de la barba ya lo sabe).
    2. Para que la imagen de los sindicatos vuelva poco a poco a donde debe estar. Sin negar todas las cosas que han hecho mal, han sufrido un ataque del mismo tipo, o peor en ocasiones, que el dirigido contra los funcionarios.

    Y además sirve de acicate para que alguno que otro suelte su opinión, normalmente escondida entre eufemismos y normas de partido, como la portavoz de educación del PP: España “no tiene un problema de recursos, tiene un problema de modelo”. Va a ser eso, de recursos, vamos sobrados.

    Respecto al hecho de fichar comparto tu opinión. A esa misma universidad a la que aludes entré hace hoy justamente 17 años y ya había relojes. Pero si los responsables de turno se piensan que por que existan estos sistemas, más o menos evolucionados (ahora hay relojes ‘virtuales’), van a derivar su responsabilidad sobre el control de presencia en las maquinitas, están equivocados. Suya es la responsabilidad sobre este control. Disponen de medios. Que los apliquen. Estoy hasta los mismos coj. de los comentarios sobre que los funcionarios son tal o cual y SIEMPRE se obvia el hecho de que existen unas obligaciones (mucho más duras de hecho que en la relación laboral) y que su incumplimiento conlleva sanciones entre las que se incluyen la SEPARACIÓN DE SERVICIO. Sí, señor administrado, un funcionario si no cumple sus obligaciones puede ser despedido. Como en todas partes habrá mejores y peores profesionales, pero por favor, que dejen de quejarse de una vez y exijan responsabilidades a los que las tienen. Medios haberlos haylos. Ahora pónganse a trabajar.

  2. Brandelmosca dijo:

    Phantástico. (+_+)

  3. Panama dijo:

    Por lo que respecta al sector privado, las cifras de participación a la huelga son mucho más bajas que en el sector público. Sólamente el 18,82% de los empleados no han acudido hoy a su puesto de trabajo. De esta forma, y siempre según las cifras recogidas por WorkMeter, el 81,18% de los trabajadores del sector privado no han participado a la huelga.

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