Como en el sector privado


En estos tiempos en los cuales los empleados públicos están viendo sus salarios y sus condiciones laborales empeoradas, siempre hay quien se alegra y desde el sector privado aplauden estas medidas haciendo comparaciones entre diversos sectores. Quienes azuzan este debate, quienes aplican los recortes o quienes los piden en aras a un igualitarismo que recuerda al comunismo de Kim Jong-Il, por su falsedad.

Si es usted empleado público tampoco llore. Que le bajen un 3% su sueldo como en Cataluña o que le quiten algún día de vacaciones como en Madrid será algo a lo que podrán sobrevivir. Recuerden que todos debemos pagar los trienios de Cospedal o Aguirre o Soraya. Y es que ya se sabe que para algunos el control del gasto público termina donde empieza el fondo de sus bolsillos, por eso de dejar de cobrar por un trabajo que en el caso de algunos no se realiza desde hace 30 años y que te guarden el sitio es algo que ni durante el Aznarato se observó, ni ha estado en la investidura de Rajoy (otro al que hay que guardarle el sitio durante tres décadas). Pero usted podrá sobrevivir a eso.

Conviene, como decía antes para no caer en esa especie de populismo igualitarista imbécil que cuando se proponga esto, se sepa el por qué de las cosas. Y que si se quiere argumentar esa igualdad de condiciones, que sea asumiéndolo en todo su esplendor. Tenemos la costumbre de acordarnos del famoso moscoso del funcionario y de su jornada, pero nos olvidamos de ciertos detalles que explican la existencia de esto que algunos llaman privilegios. En realidad son más bien compensaciones.

Para quienes no lo sepan, la denominación de moscoso viene por el ministro socialista que aprobó este supuesto privilegio, por cierto existente en muchos convenios del sector privado, Javier Moscoso. Conviene conocer un dato importante que, entre otros, explica la instauración de este tipo de compensaciones a los empleados públicos. El Salario Mínimo Interprofesional en España había subido en 1983 el 13,1% y el 8% en 1984. Para los empleados públicos la subida esos años fue del 9% y del 6,5% respectivamente. Por ejemplo según la Encuesta de salarios en la industria y los servicios del INE en 1983 y 1984 los salarios subieron un 13,4% y un 9,4%. Como bien pueden encontrar por toda la red, los empleados públicos han perdido poder adquisitivo en sus salarios. Más que en el sector privado, por cierto.

Conviene no obstante reconocer que el Estado u otras Administraciones son un empleador… llamémoslo benévolo. Su naturaleza le lleva a estar más predispuesto a mejorar las condiciones de sus trabajadores. No es lo mismo mirar por un mejor servicio que por tu bolsillo. También estos empleadores peculiares están más predispuestos al concepto de you get what you pay for, para los de la LOGSE, tienes lo que pagas. Si mantienes a unos empleados descontentos tendrás un trabajo deficiente. Si pretendes, como hemos dicho, no ser generoso en el pay for, pues algo tendrás que dar a cambio. Bien sea flexibilidad, vacaciones o licencias, jornadas mejores… E independientemente de que los empleados públicos son el cuerpo de Estado y a este no le interese tener al personal cabreado, existe otro motivo por el cual al empleado público se le dan eso que algunos llaman privilegios. Algo que tiene mucho que ver con estos recortes en sus condiciones laborales y que algunos aplauden al grito de “en el sector privado estamos peor”.

No amigo, en eso que se llama sector privado, la rebaja de salarios al estilo de la que han hecho los diversos gobiernos es prácticamente imposible. De hecho hay varios recursos de sindicatos por ello respecto a lo público y en el caso del personal laboral puede tener buena base legal para ser reconocidos. Lo que hizo Zapatero, ha hecho Mas o ha hecho Cospedal sería simplemente ilegal si lo público fuera como lo privado. Sólo podrían hacerlo previo acuerdo con los trabajadores. De hecho las modificaciones sustanciales que regula el Art. 41 del Estatuto de los Trabajadores son uno de los asuntos estrella en los Juzgados de lo Social y cuando los empresarios piden mayor flexibilidad en este aspecto no es por nada. Independiente es eso que llamo hijoputismo y por el cual si a mi empleado, el público, le bajo el sueldo o le quito vacaciones o le aumento la jornada es estupendo. Ahora, si mañana mi jefe hace lo mismo sin contar con mi opinión le llamo de todo menos guapo.

Por no extenderse mucho uno no entrará en muchas más consideraciones, como en la extrema limitación de los derechos constitucionales de huelga o de asociación que tienen los empleados públicos. La realidad es la que es, los famosos privilegios de los empleados públicos son en buena parte compensaciones por no tener otros “privilegios” del sector privado. Pero en la idiosincrasia hispánica nos fijamos más en las vacaciones o en las horas que trabajan los empleados públicos y no en que se puedan modificar sus condiciones de trabajo a la baja con muchísima más facilidad que a ellos. Por eso los funcionarios tienen fama de vagos, porque proceden de una población que lo es y que además se creen los más trabajadores del mundo.

Seamos realistas, ser empleado público en este país no es ningún suplicio, aunque en muchos puestos como los sanitarios, Cuerpos de Seguridad, bomberos, etc. hay pocos trabajos más desagradecidos. Pero de ahí a hablar de privilegiados hay un trecho. Son unos trabajadores que cobran un salario por su trabajo como todos y que si tienen algunas condiciones mejores que otros es, en buena parte, porque no tienen otras condiciones mejores de esos otros. Pero el hijoputismo avanza, contra la demagogia es complicado pelear.

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3 respuestas a Como en el sector privado

  1. José Luis dijo:

    Hay otro punto no económico que también explica los ‘privilegios’ de los funcionarios. Es el relativo a la forma de acceso y a la estabilidad en el empleo.
    La mayor parte de lo que quiero decir está en este artículo de Francisco J. Bastida en lne.es: http://t.co/VJsvbqmN
    Básicamente el problema planteado es la dependencia entre el empleado y el empleador:
    – En una empresa privada si yo me llevo mal con el jefe, este me hecha y ya está (con sus correspondientes indemnizaciones, al menos de momento). Al igual que para contratarme lo hizo por sus propios criterios y nadie (salvo sus compañeros) critica a los enchufados de la empresa privada, mucho más numerosos que en la pública (aunque no tan sangrante bien es cierto)
    – En una empresa pública el jefe cambia cada cierto tiempo, normalmente en un número de años múltiplo más o menos grande de 4. Y el funcionario, mejor o peor, presta un servicio público y está atado a una serie de normas legales mucho más exigentes que el trabajador de la empresa privada. Así que, a todos estos que critican que a los funcionarios no se les puede despedir, yo les preguntaría: ¿realmente quieren que la aplicación de las normas o los procesos administrativos queden en manos de personas que tienen unos intereses políticos determinados y mudables en el tiempo? Piensen en que ocurriría si usted trabajara en una empresa privada que cada 4 u 8 años es absorbida por el mayor competidor que tenga en ese momento. Seguro que sus clientes lo iban a notar. Y dejémoslo claro, todos somos clientes de la administración.
    Y si alguno dice que es que ya ocurre así, le debo decir dos cosas: primero, que no creo que sea cierto de manera generalizada y segundo que existen, y se deben aplicar, las normas para castigar estos comportamientos. Y sí, estas normas incluyen el despido del funcionario: sin indemnización ninguna ni derecho a paro, ya que se considera prácticamente como un acto criminal.
    Así que estaré de acuerdo en todo aquello que este ligado a aplicar las normas de responsabilidad a los funcionarios, tanto si hacen dejadez en el mismo como si se saltan procedimientos para casos ‘particulares’. Que se apliquen las normas y sanciones ya previstas. Pero que se deje de demonizar a todos los funcionarios mediante generalizaciones que sólo buscan cargarse la función pública por aquellos que quieren privatizarlo todo. Los llamados ‘privilegios’ de los funcionarios están por un lado para compensar la pérdida de poder adquisitivo que se produce cada año con respecto al sector privado y la imposibilidad de negociar ‘convenios colectivos’ con el empleador y por otro lado para garantizarnos a todos que el servicio es igual con independencia de nuestro apellido o nuestra cartera de valores.
    El día que toda la gestión administrativa se privatice ya puede hacerse amigo de algún cargo político de turno o directivo de la empresa gestora. Si no, lo tendrá claro, amigo.

    • Pedro dijo:

      Nada que añadir a tu análisis y al del artículo que enlazas. Para mí la clave es tu afirmación “Y dejémoslo claro, todos somos clientes de la administración“, además de que todos somos sus jefes. Entonces el españolito medio se vuelve un tirano de narices.

  2. Manuel78 dijo:

    Recordemos que los políticos en gobierno (diputados, senadores, consejeros, alcaldes, concejales) son TAMBIÉN funcionarios públicos, con sueldos millonarios (en pesetas) que no sufren ningún recorte salarial ni de días libres y sólo son despedidos (algunos) si pierden las elecciones, no si roban, prevarican, “cohechan”, o simplemente, son unos inútiles, incompetentes, iletrados, que no saben hacer aquéllo para lo cual han sido designados A DEDO y por lo que cobran.

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