Porque yo no soy tonto


Cuando se habla de mercado laboral y contratación siempre hay una lucha entre los que creen que es la legislación el factor decisivo y quienes apelan a la actividad económica como factor principal. Por desgracia en nuestro país pasamos más tiempo discutiendo por el coste del despido, sin entrar en la causa del mismo, que en el coste de la contratación y el empleo. Así nos va. Según muchos economistas el hecho de que el despido sea fácil y barato consigue que la contratación se dispare. Al mismo tiempo es lógico pensar que aumentarán los despidos, por lo que del resultado neto de esta ecuación haría que el desempleo subiera o bajara. Esta serie de economistas tan centrados en el despido y no en la contratación le dan un gran valor a la rotación en el empleo. Pero la realidad se impone y como vimos en Estábamos al borde del abismo… y dimos un paso al frente aquí hemos cumplido el patrón situándonos en cifras similares a las de países con mercados laborales supuestamente modelos como el danés o el británico. Despedir fácil y barato sólo podría crear empleo durante tiempos de bonanza económica. Y si algo ha demostrado este sacrosanto país es que no le hacía falta un mercado laboral flexible cuando creábamos el 50% del empleo de la UE. Por eso algunos creemos que se hace mayor bien actuando sobre la contratación que sobre el despido. Y por eso propuestas perroflaúticas como la del contrato único no se sostienen a la que le des dos vueltas con lógica y no te líes con trucos econométricos interesados.

Puede ser interesante a la hora de contratar ver el asunto desde el punto de vista de que el empresario es un consumidor que compra trabajo y que como tal imitará las pautas que cualquier persona tomaría a la hora decidir una compra o inversión. Desde este punto de vista se podría ver, entre otras, las siguientes variables:

Cantidad

No nos engañemos, el coste laboral y el beneficio obtenido es un factor fundamental a la hora de comprar trabajo. Nadie contraría a nadie si pensara que no ganaría dinero fruto de ese trabajo. Esto le da un punto a favor a quienes remarcan la demanda y la contratación respecto al despido y las modalidades de contrato. Los defensores de esta opción dirán que la reducción del coste laboral mediante la reducción de indemnizaciones por despido improcedente. Tiene cojones que proceda algo que no procede, cosa rara fuera de Españistán. Pero cuando analizamos el coste laboral nos damos cuenta que en términos de economía a escala nacional si además lo enfrentamos con el resto de factores que lo componen:

Por lo tanto la tremenda losa del coste de despido dentro de los costes no salariales no llega al 6%, siendo las cotizaciones obligatorias a la S.S. casi el 85% de ese coste. Por lo tanto queda claro que cualquier acción sobre las cotizaciones y como tal sobre el coste de contratar será bastante más efectiva que actuar sobre los costes de despido. Si lo miramos comparándolo con el coste total entonces ya la cosa queda:

Así que algo que supone el 1,38% del coste laboral es la supuesta solución a nuestros problemas. Y ¡OJO!, esto es IV Trimestre de 2010 en plena crisis en un país con el 20% de desempleo. Esto sirve para ilustrar y para mostrar que el problemón del despido a nivel general no lo es. Y con otras notas anteriores se demuestra que es un factor poco importante por mucho que vengan contarnos la milonga.

Porque el comprador es más propenso a adquirir algo si piensa que el beneficio es mayor que menor. Y compra algo si piensa que su coste es menor que mayor. Como dije antes nadie contrata a nadie si no obtiene beneficio de ello. Y ya puedes poner el despido gratis o el dichoso contrato único, que no vas a tener trabajo en tu puñetera vida. Y comprobando las magnitudes a nivel general podemos llegar a la conclusión de que difícilmente una rebaja en los costes del despido o una unificación de contratos acabaría con el desempleo. La comparación con una bajada en las cotizaciones sociales no admite dudas.

Por lo tanto y siguiendo la lógica de un comprador de trabajo, comprarían más los clientes que vieran más beneficio y menor coste. Por ello durante muchos años en España la construcción constituyó uno de los motores del empleo, porque la expectativa de beneficio era mucho mayor que en otros sectores. Según otros autores como el funcionario Dolado en España se contrataba en la construcción por la diferencia entre temporales e indefinidos… pues eso.

Así que si bien por el factor cantidad el coste del despido es por pura aritmética una bajada de beneficio y un aumento del coste, su proporción hace que sea totalmente estúpido pensar que esto realmente es la causa del desempleo en España. Y como ya he dicho enlazando al artículo anterior, España tiene de todo menos problemas de contratación… y de despido.

Dicho no se me escapa que el escenario ideal sería el máximo beneficio y el menor coste. Y yo también quiero que Miriam Giovanelli aparezca casualmente en mi casa para hacer guarreridas españolas , no te jode…

Tiempo

El comprador siempre prefiere beneficios inmediatos y pérdidas diferidas. Esto refuerza de nuevo el argumento por el cual la construcción era motor de la economía y porqué todo sector que se basa en la especulación tiene gran afluencia de capitales. Nada mejor que ganar YA dinero que esperar a posibles beneficios futuros, aunque sean mayores. Entre la posibilidad de ganar 100 ya o 200 mañana la mayoría eligen ganar 100. Los expertos en Marketing te lo garantizan.

En cambio aceptarán con mejor actitud esperar a ver cuánto se pierde que la realidad de unas pérdidas certeras, aunque sean menores. Para ilustrar cómo el comprador de empleo puede beneficiarse de diferir el coste, miraremos de nuevo al despido y los procesos judiciales que llegaron a las Salas en 2010. Los datos del MTAS arrojan interesantes cuestiones:

Esto rompe el tabú de que el trabajador siempre gana los juicios. En realidad la “victoria obrera” real sólo se produce en un 39% de los casos. La suma de las “victorias” empresariales por sentencia o por desistimiento llega al 32%. Y en un 25% se llega a acuerdo entre las partes que siempre será mejor que caer en el saco del 39% que sería la pérdida total.

Esto excluye por supuesto el caso en el que la empresa reconoce de inmediato la improcedencia del despido y paga la indemnización o aquel que paga la indemnización de fin de contrato en un contrato temporal (porque nuestros ilustrados amigos de FEDEA serán catedráticos y doctores esto no lo distinguen). Pero lógicamente el que tiene facilidad para pagar la factura no debería temer nada y por lo tanto de nuevo a la hora de comprar trabajo sus decisiones está más marcadas por el beneficio que por el coste.

Así que el comprador de trabajo contratará con carácter general cuando vea beneficio inmediato y no estará tan afectado por el factor cantidad en el coste en tanto que este se difiera en el tiempo, pues en cuánto se entra en la incertidumbre la estadística dice se tienen muchas opciones de conseguir minimizar el coste. No creo que haga falta decir que la indemnización media por despido en caso de sentencia es mayor que la producida bajo la conciliación. Dicho esto en 2010 se aprecia un acercamiento enorme, pero históricamente y poniendo de ejemplo el horrendo 2009 para el empleo, la diferencia era casi del doble. Ergo en el caso de no poder pagar a tocateja, suele salir a cuenta la resistencia.

Las necesidades del presente siempre serán más fuertes que las del futuro. Si eres humano lo sabrás. Y si eres habitual inversor te habrás dado cuenta de que te cuesta deshacer inversiones en pérdidas, retrasando la venta de esas acciones o productos financieros para ver si escampa. Con el tiempo te habrás dado cuenta de que la mayoría de ocasiones mejor haber tomado la decisión antes.

Seguridad

El tercer aspecto principal en los procesos de decisión de compra suele ser la certeza o probabilidad. A mayor certeza de beneficio, mayor predisposición a la compra aunque haya una posibilidad de mayor beneficio. Al contrario se da preferencia a pérdidas probables sobre las ciertas, al ir decreciendo la utilidad negativa a medida que crece su magnitud. El comprador de trabajo le importará un pito cualquier cosa si tiene la certeza de que ganará dinero con ello. Pero si tiene la certeza de que el coste es alto se va a retraer. Esto se relaciona con los aspectos anteriores y con los ejemplos mostrados hablando de los costes del empleo.

En la mezcla de estos tres aspectos está la solución para que el comprador de trabajo se decida a dar el paso adelante. Así la situación ideal sería un mayor beneficio de manera inmediata y certera con costes menores a asumir de manera diferida y que sea una incertidumbre. Pues eso, y yo quiero a Miriam Giovanelli para mi cumpleaños.

¿Conclusión que saco de todo esto? Pues que yo si quiero también puedo decir gilipolleces y deformando la realidad como los mejores economistas, pero sin la ventaja de que venga Botín a financiarme la estancia de mis amigos de la London School of Economics o tener la posibilidad de hincharme los carrillos a langostinos con el dinero que debería ir destinado a la I+D. Porque yo no soy tonto y ellos menos.

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2 respuestas a Porque yo no soy tonto

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