No se negocia con terroristas


Llevamos un tiempo asistiendo a la negociación entre Gobierno y sindicatos a propósito de la reforma de las pensiones. La pareja feliz Mendez-Toxo vuelven a caer en el error, intentando hacer creer que si algo mejora respecto de las propuestas iniciales será gracias a ellos y será valorado por la sociedad.

Nada más lejos de la realidad, el Gobierno hace tiempo que mira dos cosas: agradar a sus prestamistas e intentar ganar votos. Si esto coincide con contentar a los sindicatos (sobre todo respecto a lo segundo), pues mejor. Pero la cosa es como es, el Gobierno en este tema se comporta como los terroristas. Están dispuestos a llegar a un acuerdo… si haces lo que ellos dicen. Porque no se olviden cuál ha sido y cuál es la posición gubernamental en este tema: o el 28 de enero llegamos a un acuerdo o se hace lo que yo diga. Así yo también negocio. Y váyanse acostumbrando porque probablemente dentro de unos años la negociación de sus condiciones de trabajo irá en esta línea. O se llega a un acuerdo o se hará lo que diga el empresario y mañana ya veremos.

Como ya indiqué en mis textos previos a la huelga general del 29-S los sindicatos se están equivocando. Lo mejor que pueden hacer es no hacer nada, negarse a sentarse con un Gobierno que está dispuesto a traicionarles a la mínima y que están en sintonía con organismos con ideología neoliberal y empresarial. ¿Qué tiene que negociar dos sindicatos de ideología socialista con ellos sin una posición de fuerza? Porque como se vio el 29-S, por mucho que lo endulcen los sindicalistas, es que mucho apoyo (sea por convicción o por coacción) no tienen. Peor para ellos.

Esto me lleva a uno de los últimos episodios al respecto de esta negociación y es la sugerencia de que se había incluido en este pacto temas de índole energética (como el famoso cierre de Garoña). Ambas partes lo niegan, pero Méndez y Toxo ya han mostrado estar cabreados con ello con su habitual ingenio (no vamos a cambiar pensiones por neutrones). Esto nos muestra de nuevo que no se sabe si vamos o venimos o si nos quedamos por el camino. Si fuera cierto ¿qué narices tienen que ver los sindicatos con este tema? Si fuera falso, ¿a quién interesa filtrar estas estupideces?

Lo que al final me sugiere todo esto, reafirmándome en mis ideas, es que el Gobierno vende la necesidad de realizar una serie de reformas porque sí. Sin justificación ni económica, ni social. Nos da igual freir un alfiler que coser un huevo mientras se cumpla el objetivo de rebajar las pensiones. Porque nadie se opone a que se reforme el sistema de pensiones en España. A lo que se pueden oponer es a la forma, manera y consecuencias de hacerlo. Para ello debe haber un plan basado en sesudos estudios. Si el plan se puede ver sustancialmente modificado por clientelismos políticos u otros entonces uno empieza a dudar de que realmente la reforma de las pensiones que nos están proponiendo sea la correcta y no la de quien la ordena. Supongo que a través de diversos estudios y simulaciones hechos por expertos con diferentes sensibilidades (por ejemplo leer informes tanto de FEDEA como de ATTAC) se llega a la conclusión por la cual se toman unas medidas. Pues parece que no. Aquí, como en la reforma laboral se vio y aún se ve, se hace y se hace de la manera que se hace no porque sea necesario o conveniente sino porque se obliga.

Por lo que yo veo se habla muchísimo de la necesidad de la reforma y de la no necesidad de ella en base a datos sesgados. Parece más un tema ideológico que meramente científico, por mucho que algunos se desgañiten en preparar sesudas y abundantes gráficas para justificarse. Ni la evolución de la demografía justifica por sí misma la reforma (la vida de mi padre duró 40 años menos que la vida de Chindasvinto), ni los aumentos de la productividad van a pagar los futuros aumentos en el gasto en pensiones empezando porque igual pueden no producirse.

Pero una cosa es hacer lo que uno tenga que hacer porque lo tiene que hacer y otra es hacerlo porque me sale de las pelotas y si no estamos de acuerdo hago lo que quiero porque el gato es mío y me lo follo cuando quiero. Esto es lo que sugieren nuestros amigos de FEDEA hoy.

Que se podría resumir mejor en “hacer las reformas que a NOSOTROS nos parecen correctas en vez de decidir entre todos cuales son las necesarias”. Esto además viniendo de unos señores que, como algún día explicaré y ya vimos en No se admiten devoluciones , no predican precisamente con el ejemplo ni con el acierto. Y adelanto el concepto que desarrollaría. No se puede decir cómo se hace en el artículo que “La reforma de las pensiones debe dirigirse a controlar el aumento del gasto derivado de este cambio demográfico…” cuando eres un señor que cobra cientos de euros por una charla de tres horas y luego te vas a comer langostinos a cargo del dinero público después de haber expresado esta idea. Como he dicho, algún día haré reflexión al respecto dentro de lo que me permite la legalidad, sobre la legitimidad que tienen algunos de estos elementos para hacer las propuestas que hacen, sobre todo en el ámbito de lo público.

Este es el escenario, un Gobierno hace una reforma porque entes que pocos intereses tienen por el beneficio de España sino por el propio (que va desde países europeos a hedge funds pasando por todo tipo de fauna y flora) presionan a ello. Además la reforma tiene que ser sí o sí, además en los términos que yo digo (el artículo de FEDEA es muestra de ello). Y mejor pactar lo que yo te digo o hago lo que yo quiera. Puro y duro terrorismo. Se está poniendo de moda el terrorismo económico, véase los ataques especulativos al euro investigados por los Servicios de Inteligencia o la amenaza de los hosteleros ante la Ley Antitabaco.

Por lo tanto reitero lo dicho hace unos meses, los sindicatos vista la traición del Gobierno no deben acudir a la llamada del Gobierno. Lo que deben hacer es expulsar y quitar los carnets a todos los miembros de los partidos (en su defecto a los parlamentarios) que aprueben estas medidas sin acuerdos. Pero claro eso no pasará porque de ello también viven los sindicatos vía subvención.

Después de lo visto, si yo fuera UGT-CCOO y me llama Valeriano para negociar reglamentos de la reforma laboral o alargar la edad de jubilación a los 67, le enviaría amablemente dos cosas: la primera es la comunicación de su expulsión de UGT y la otra es a la mierda. Que negocie con Rosell quitar las grasas de lo público (otro gilipollas del que trataremos en el futuro).

Como una imagen vale más que mil palabras, cierro esta reflexión con una instantánea del homenaje que se hizo a Marcelino Camacho y que demuestra tanto cual es el panorama sindical en nuestro país como porqué está como está. Espero sepan valorar los detalles que subyacen de esta fotografía.

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